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martes, 15 de septiembre de 2015

PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS (VII): LA CIENCIA Y DIOS



1º Parte. Conocimiento experimental y por fe.

Introducción

El diario El Comercio publicaba el 4 de agosto de este año 2007, un artículo de Humberto Eco (ateo o al menos agnóstico él mismo) en que se leía lo siguiente: «Hoy en día... no sólo se vuelve a proclamar en voz alta el propio ateísmo sino que también se escriben libros y libelos sobre los estragos de las religiones.

Sin limitarnos al “Traité d’atheologie” de Michel Onfray, que salió en Francia hace más de dos años, tenemos “Breaking the Spell” (“Rompiendo el conjuro”) de Daniel Dennett (un filósofo que estudia la religión como fenómeno natural), el muy polémico “Perché non possiamo essere cristiani!”(“e meno che mai cattolici”) de Piergiorgio Odifreddi (“Por qué no podemos ser cristianos y menos aún católicos”), el sarcástico “Babbo Natale”, “Gesù Adulto” de Mauricio Ferraris (“Papá Noel, Jesús Adulto”), el “Curso acelerado de ateísmo” de Antonio López Campillo y Juan Ignacio Ferreras, “Un’etica senza Dio” de Eugenio Lecaldano (“Una ética sin Dios”, se puede tener verdaderamente una vida moral solo dejando a Dios de lado), “God is not great: How religion poisons everything” (“Dios no es grande: cómo la religión lo envenena todo”) de Christopher Hitchens. Quizá hayan salido otros libros análogos, pero se me han escapado y espero que sus autores me perdonen por amor de Dios. Estamos asistiendo a un regreso a formas de ateísmo militante».


I. El problema1.- ¿De qué vamos a hablar?
1.1. De Dios sabemos muchas cosas. Por la razón natural y sobre todo por la Revelación, que se nos ha comunicado en la Iglesia: Ha creado todo, es infinitamente misericordioso, ha enviado a Jesucristo para salvarnos, Jesús ha fundado la Iglesia Católica, está cerca y se nos comunica y actúa en este mundo de varias maneras.

2.- Fe es creer a otra persona lo que dice.
Algunos dicen que no creen más que lo que ven.
Es falso: también creen en lo que sienten, gustan, oyen...
Pero también creen en lo que ni ven, ni gustan, ni sienten con los sentidos ojos...
Se cree por fe que los padres son los padres, lo mismo a los hermanos, lo mismo a la esposa. Se cree por fe lo que enseña el maestro. Se cree por fe lo que me llega por los medios de comunicación. Lo más normal de cualquiera es hacer actos de fe de la mañana a la noche. Sin fe no se vive. El hombre se puede definir como “el ser que cree”.

3.- Si todo hombre tuviera que aprender todo por propia experiencia no debería ir a la escuela ni a la universidad para aprender de otros, ni leer nada. Todos seríamos salvajes. La cultura es obra de la fe.

4.- El científico se forma en la universidad creyendo a los profesores, a los libros etc. Los pequeños y parciales experimentos que hace un estudiante universitario todos saben que no tienen el rigor ni las garantías necesarias. Son una preparación para experiencias en el futuro, una vez formados.

5.- El científico ya formado y que trabaja experimentando

a) en su vida normal cree como todos;
b) en su trabajo científico lo primero que hace es leer y creer lo que se ha escrito e investigado por otros sobre el tema; también la ciencia es un hecho cultural.
c) en su trabajo personal experimental utiliza medios (microscopios o telescopios, cámaras, aparatos de medida...) que cree ser confiables y a los que cree.
d) En su propio trabajo el científico tiene necesariamente que creer.

Luego conclusión: Es falsa la antítesis o ciencia o fe. No se puede vivir ni siquiera ser científico sin fe (además de la ciencia, caso de dedicarse a ella).

6.- Nadie niega que la matemática es ciencia. Además es necesaria para que la ciencia física, por lo menos, se desarrolle.
Pero la matemática no es experimental. Todo en matemática se prueba por la razón.

7.- Por fin es falso que la ciencia tiene experiencia de todo lo que conoce. Nadie ha visto la fuerza de la gravedad, ni la electricidad o magnetismo.
La ciencia es el conocimiento en la naturaleza material de lo que en sí mismo no se ve por medio de la razón aplicada a los datos de los sentidos, que indaga sobre las causas y fines, más allá de lo que manifiestan los sentidos.

II. Puntualizaciones sobre LA EXPERIENCIA científica

1.- En las ciencias.
1.1. En ciencias humanas (v.g. historia, medicina, psicología, derecho...) ni hay experiencia propia, ni es medible. Es necesario otro concepto de lo que es ciencia y admitir el valor de otros conocimientos adquiridos por vía racional o testimonial (fe humana).
1.2. La exigencia de ese tipo de experiencia invalida la técnica, que se basa en saber lo que va a pasar. El futuro no se sabe por experiencia hasta que haya sucedido y entonces deja de ser predicción del futuro necesario.
1.3. Las matemáticas (¿no serían ciencia?) no son experimentales (¿experimentar un millón por dos?). Hoy existe como campo científico la física teórica.
1.4. Es falso que la ciencia afirma sólo lo que ve. La ciencia experimental ha buscado siempre la explicación de lo que se ve para conocer lo que no se ve: ¿Por qué oscilan las lámparas, caen los cuerpos?

2.- Relaciones de la ciencia con la fe. ¿Experiencia o fe? ¿O más bien experiencia Y además fe?
2.1.-Fe es conocer por un testimonio creíble (con garantías).
2.2. Humana: el testimonio es meramente humano.
Divina: el testimonio viene dado o corroborado por Dios. Puede darse una cadena de testigos.
2.3. A lo largo de la mayor parte de su historia el hombre ha vivido y creado grandes logros culturales sin ciencia.
2.4. Hoy ningún hombre vive de solos conocimientos científicos, sino de actos de fe continuos. Creer es su forma normal de conocer (familia, medios, etc.). Hablar supone confiar en la verdad de lo que se me dice. Sin lenguaje (sin fe) no hay intercomunicación, necesaria para crecer como persona. Un niño no aprendería nada y ninguno se desarrollaría como persona normal. El hombre es el ser que cree. Cree naturalmente. Hace bien en creer. Es razonable creer.
2.5. Ningún “científico” vive solo “científicamente”: cree a la mujer, los hijos, al médico... Hace bien y lo hace razonablemente.
2.6. La ciencia no es un cuerpo ni persona subsistente. La ciencia no existe más que en las cabezas de los científicos y nadie la posee toda.
2.7. En su propio trabajo científico: Todo científico ha aprendido su ciencia creyendo a profesores y libros. Nadie ha podido experimentar todo lo que sabe. Los “experimentos” que se hacen para aprender son meramente confirmatorios y todos saben que carecen del rigor necesario.

Para su propia investigación científica necesita estar al tanto de lo publicado en libros y revistas, confiar en que los aparatos y productos que usa, miden bien y tienen las características que dicen tener.

Por eso la ciencia no es posible con la sola experiencia de cada uno, es un proceso cultural. Sin fe el hombre seguiría siendo un salvaje. La ciencia avanza gracias a la fe. La cultura, el desarrollo humano, la ciencia misma son procesos de fe (humana).

El orden del Universo coincidencia de partida

1.- Anteriormente probamos cómo la razón puede llegar y de hecho ha llegado a demostrar que Dios, como necesario creador del conjunto de seres que comenzaron y comienzan a existir, es una realidad existente. Lo probamos con el principio metafísico de causalidad, que la ciencia supone y utiliza constantemente en sus investigaciones. Si el principio metafísico de causalidad no fuese real, no habría ciencia. Con ese mismo principio y tomando como punto de partida la existencia real del mundo, hemos demostrado que ese ser, al que llamamos Dios en castellano, existe, es una realidad.


2.- En este sentido la ciencia, usando con éxito y corroborando así la validez de tales principios de causalidad y de razón suficiente, confirma y garantiza que la razón humana prueba la existencia de Dios, como ser necesario y creador del universo, partiendo del hecho de la mera existencia del universo.


3.- Pero además se da el hecho de que esa misma realidad mundana tiene esta característica: Nuestro universo constituye un orden complicadísimo y constante. Ello es un hecho reconocido desde siempre, que la mera existencia de calendarios en todas las culturas confirma.


4.- Como hecho real no hay científico que dude de él. El orden en el universo se considera tan real que en cualquier fenómeno físico la ciencia busca identificar sus componentes y las leyes que lo rigen, y se hace lo posible por encontrar incluso una expresión matemática que lo formule, pues lo consideran así de constante y preciso. En este complejo se observan reacciones claras de finalidad en órdenes estáticos, como monumentos funerarios o ruinas arqueológicas, y sobre todo en órdenes dinámicos, como en la astronomía y muy especialmente en los seres vivos. El hecho maravilla una y otra vez a los científicos. Así el instinto de las abejas soluciona en los panales el problema de gastar el mínimo de material obteniendo el máximo espacio para almacenamiento de la miel. Los procesos vitales como el clorofílico de las plantas, con el que la planta absorbe oxígeno en la noche y lo produce en el día y otros muchos en los animales, son la admiración del entendimiento humano, cuando los descubre. Ese orden es tal que, si por ejemplo variase brevemente la fuerza de la gravedad sería imposible la vida del hombre sobre la tierra. En el caso de nuestro planeta Tierra, si las condiciones de su movimiento variasen ligeramente (por ejemplo la orientación del eje de rotación) la vida del hombre hubiera sido imposible. Es lo que se llama “principio antrópico”: muchas particularidades de la tierra y de su movimiento son así porque posibilitan la existencia del hombre sobre ella; si fuesen diversas (en medida relativamente pequeña) no permitirían la vida del hombre en ella.


5.- La ciencia constata estos hechos y otros muchos. Se pregunta sobre ellos, aunque no siempre encuentre respuesta, pero no los niega. No incursiona en el problema de Dios, porque no es objeto de estudio para la ciencia experimental; pero resulta que el hombre busca respuestas últimas que satisfagan sus interrogantes naturales sobre qué significa su propia vida, el por qué de su rechazo instintivo a la muerte, qué sentido tienen la vida moral, el esfuerzo, el dolor y la misma existencia. Estas preguntas son comunes a todos y no son exclusivas de los científicos ni de mentes enfermas y son más tenaces en los más inteligentes.


6.- Pero la ciencia sí admite como verdades claras algunos principios que están en la base de la filosofía. Tales principios son generales, no exclusivos de la ciencia; pero el que los excluye se excluye de la racionalidad y de la verdadera ciencia. Uno de ellos es el de causalidad, con el que ya probamos con rigor la existencia de Dios como ser necesario y creador del universo, no habiendo contra él argumento convincente. Es cierto que el argumento no es tan fácil de comprender, porque no tenemos experiencia directa del ser necesario, sino sólo de seres hechos y contingentes (que podrían no haber existido y aun pueden desaparecer sin que afecten a la existencia de los demás). Nadie ha visto ni tocado a Dios. Por la razón sólo podemos saber que existe, que es necesario y, por tanto, nadie lo ha hecho y algunas otras propiedades. Si Él se hubiese revelado podríamos saber más cosas; de hecho ha sido así, pero de este conocimiento revelado no tratamos ahora.


7.- La realidad del orden de y en el universo no ofrece dificultades de aceptación para los científicos. No hay uno que no lo acepte. Incluso despierta su entusiasmo. No pocos científicos dan un paso más y afirman que el universo lleva el sello de un “designio inteligente”. De aquí a admitir la existencia de Dios, como mente ordenadora y creadora, no hay más que un paso.

Es una realidad compleja, compuesta de muchos seres diferentes en número y propiedades, que están en movimiento continuo. y esta ordenada (incluyendo otros sistemas subordinados) de modo finalístico, es decir sus elementos están situados y obran manifestando tener una relación con los demás y para conseguir un fin. Este orden es dinámico, es decir que el todo y sus partes están en continuo movimiento y cambio, manteniendo constantes diversas características en tales cambios, mientras otras permanecen. Así, por ejemplo, los cuerpos gaseosos, líquidos y sólidos con el mayor o menor calor, cambian de temperatura, ocupan mayor o menor volumen, pasan a líquidos, sólidos o gaseosos y lo hacen de forma necesaria y en condiciones bien precisas (por ejemplo, a la presión normal el agua a 0º se solidifica).


8.- Es característico de un orden (y más en el caso de un orden dinámico constante, en que se pasa de un orden a otro distinto, pero también ordenado y determinado por el anterior) la intervención del fin orientando y combinando las acciones y dinámicas parciales. Es decir que el fin actúa en las causas eficientes antes de existir de hecho. Esto sólo es posible si tal fin es conocido y querido previamente a existir. Lo cual sólo es posible para una causa inteligente. La razón suficiente de la constancia del orden no está en cada uno de los seres sino fuera de ellos, en causa ajena e inteligente (que es la única que puede intentar y ver lo que aun no existe). Esta causa (en el caso del orden total cosmológico) debe estar dotada de una inteligencia cuasi-infinita y cuasi-omnipotente, pues asegura la existencia de un universo tan enorme y complicado, que, pese al enorme grado de conocimientos alcanzado por el hombre en tantos años, todavía no ha sido desentrañado del todo. Tal causa tendría estaría dotada de un poder e inteligencia extraordinarios, cuasi-infinitos. Podría ser Dios, el ser necesario.


9.- Hay que reconocer que el argumento no llega a probar la existencia de un creador ordenador ser necesario. Para concluir con toda certeza metafísica en la existencia de Dios, el ser necesario y no hecho, el argumento hay que entroncarlo en el que ya se expuso: la existencia de un ser hecho demuestra que tiene que existir Dios, el ser increado no hecho. Se vuelve así al argumento anterior.


10.- Pero este argumento del orden resalta más la necesaria inteligencia, voluntad, personalidad espiritualidad y providencia de Dios. La existencia de ese orden y de órdenes inferiores sujetos al superior es clarísima para el mundo científico, de forma que con frecuencia se pueden calcular distancias y tiempos con extraordinaria precisión y total certeza, como ejemplo los eclipses y conjunciones de planetas.

Esta consecuencia lleva a muchos científicos ateos a colgarse como último recurso del azar, que sería la causa justificada de la existencia del universo y de su orden. Pero esto choca con principios básicos que la ciencia supone. Cuando un aparato, de los muchos que hoy día debemos utilizar, no nos funciona, jamás lo atribuimos al azar: el carro estará bajo de batería o sin combustible, la pila del reloj se habrá gastado, ha habido una inundación o un cortocircuito, ¿qué habrá pasado para que falte la luz o el agua o lo que sea?. Pero nada ha pasado o dejado de pasar por azar. Ha habido una causa o ha faltado, cuando debía o no debía haber estado. El azar jamás es causa ni razón satisfactoria ni en el orden de las realidades ni en el orden de la racionalidad de una explicación. Al azar sólo se recurre cuando no se sabe lo que pasa o va a pasar y ha ocurrido de hecho. El azar es en el fondo un intento desesperado de manejo racional de lo que se ignoran causas y razones. “Tenemos que hacer algo” porque no sabemos qué hacer y la situación es desesperada. El azar está fuera de la ciencia. Ninguna verdad científica tiene como fundamento ni prueba el azar.

11.- Otro recurso, tal vez este más frecuente, para no admitir como necesaria la existencia de un Dios inteligente, providente y ordenador del universo, es la evolución: La existencia y el orden del universo se explican por un proceso evolutivo de la materia desde los primeros orígenes de una primera explosión (big-bang). Dejamos esto para la siguiente reflexión.

martes, 1 de septiembre de 2015

PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS (V): CIENCIA Y EXPERIENCIA, CIENCIA Y FE



1.- Fe es creer a otra persona lo que dice.
Algunos dicen que no creen más que lo que ven.
Es falso: también creen en lo que sienten, gustan, oyen...

Pero también creen en lo que ni ven, ni gustan, ni sienten con los sentidos ojos: Se cree por fe que los padres son los padres, lo mismo de los hermanos, lo mismo a la esposa. Se cree por fe lo que enseña el maestro. Se cree por fe lo que me llega por los medios de comunicación. En la vida lo más normal de cualquiera es hacer actos de fe de la mañana a la noche. Sin fe no se vive. El hombre se puede definir como “el ser que cree”.

2.- Si solo valiera la experiencia, todo hombre tendría que aprenderlo todo por propia experiencia. No debería ir a la escuela ni a la universidad para aprender de otros, ni leer nada. Pero así todos seguiríamos salvajes. La cultura y el desarrollo es obra de la fe.

3.- El científico se forma en la universidad creyendo a los profesores, a los libros etc. Los pequeños y parciales experimentos, que hace un estudiante universitario, todos saben que no tienen el rigor ni las garantías necesarias. Son una preparación para experiencias en el futuro, una vez formados.

4.- El científico ya formado y que trabaja experimentando
a. En su vida normal cree como todos;
b. En su trabajo científico lo primero que hace es leer y creer lo que se ha escrito e investigado por otros sobre el tema;
c. En su trabajo personal experimental utiliza medios (microscopios o telescopios, cámaras, aparatos de medida...) que cree ser confiables y están bien hechos.
Luego sin creer no es posible el trabajo científico.

5.- La matemática es ciencia. Nadie se atrevería a negarlo. Además es necesaria para que las demás ciencias (como la física) se desarrollen.
Pero la matemática no es experimental. La matemática es puramente racional. Todo en matemática se prueba por la razón.

6.- Por fin es falso que la ciencia conoce por la sola experiencia todo lo que conoce. Nadie ha visto la fuerza de la gravedad, ni la electricidad o magnetismo. La ciencia trata de conocer lo que está más allá de la experiencia. La ciencia es el conocimiento de lo que en sí mismo no se ve por medio de la razón aplicada a los datos de los sentidos, indagando por causas y fines, más allá de lo que los sentidos manifiestan.


7.- Luego en conclusión:

a) Es falso el dilema “o ciencia o fe”.
b) No se puede vivir, ni siquiera ser Científico, sin fe.




“La Matemática es puramente racional”, para graficar esta afirmación tenemos como ejemplo uno de los trabajos realizados por Arquímedes, gran científico de la antigüedad, acerca de la cuadratura del círculo, que permitió descubrir la relación aproximada entre la circunferencia y su diámetro, relación que se designa hoy día con la letra griega π (pi). Mostramos el gráfico que muestra este trabajo y una de sus fórmulas matemáticas sobre éste. Asimismo compartimos una pequeña reseña sobre este gran científico:




Arquímedes (Siracusa, Sicilia, 287 - 212 a.C.) Matemático y geómetra griego, considerado el más notable científico y matemático de la antigüedad, es recordado por el Principio de Arquímedes y por sus aportes a la cuadratura del círculo, el estudio de la palanca, el tornillo de Arquímedes, la espiral de Arquímedes y otros aportes a la matemática, la ingeniería y la geometría.

martes, 25 de agosto de 2015

PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS (IV): LA FE Y LA CIENCIA, ENTREVISTA A FÍSICO ANTONIO ZICHICHI



Para nuestros temas sobre la ciencia y la fe, transcribimos una entrevista de ZENIT al físico Antonio Zichichi, presidente de la Federación Mundial de Científicos, quien trabajó en el CERN y descubrió la antimateria nuclear.


El físico Antonino Zichichi comenta la fallida visita del Papa a «La Sapienza»
Presidente de la Federación Mundial de Científicos para la alianza entre fe y ciencia


ROMA, jueves, 31 enero 2008 (ZENIT.org).- El profesor Antonino Zichichi, presidente de la «World Federation of Scientists» (Federación Mundial de Científicos), sostiene que es posible una alianza entre fe y ciencia.

En una entrevista concedida a Zenit, el conocido científico italiano afirma que la oposición a la visita de Benedicto XVI a la Universidad «La Sapienza» de Roma ha sido la manifestación de una cultura «prearistotélica».

Zichichi trabajó en el campo de la física subnuclear (física de partículas) en los laboratorios Fermilab de Chicago, Estados Unidos, y en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) de Ginebra, Suiza.

Entre sus numerosos descubrimientos destaca la antimateria nuclear.

En 1962, fundó en Erice, en su Sicilia natal, el Centro «Ettore Majorana» de cultura científica.

Ha sido presidente de la Sociedad Europea de Física, del Instituto Italiano de Física Nuclear, presidente del Comité de la OTAN para las tecnologías de desarme (nuclear, químico, bacteriológico y convencional).

Actualmente es profesor emérito de Física Superior en la Universidad de Bolonia.

Hablando de la relación entre razón y fe, tema afrontado por Benedicto XVI en su intervención en la Audiencia General de este miércoles, el profesor Zichichi recuerda que los resultados logrados por la ciencia actual serían impensables sin «ese acto de fe y de humildad intelectual, madurado dentro de la cultura católica con Galileo Galilei».

--¿Qué es para usted la razón?

--Zichichi: Nosotros somos la única forma de materia viviente a la que le ha sido dado el privilegio de la razón; y gracias a la razón la forma de materia viviente a la que pertenecemos ha podido descubrir el lenguaje, la lógica y la ciencia.

Existen centenares de miles de formas de materia viva, vegetal y animal, pero ninguna de ellas supo descubrir la memoria colectiva permanente --mejor conocida como lenguaje escrito-- ni las formas de lógica rigurosa como la matemática o la ciencia que, entre todas las lógicas posibles, es la que eligió el Creador para hacer el Universo, tal como podemos verlo y estudiarlo, y a nosotros mismos.

Una lógica que nos ha permitido estudiar y comprender pero que nadie será nunca capaz de alterar. Sin la razón, no habríamos podido descubrir la ciencia, esta extraordinaria aventura intelectual, iniciada hace sólo 400 años con Galileo Galilei y las primeras Leyes fundamentales de la naturaleza descubiertas por él.

Galileo las llamaba «huellas del Creador», huellas que podían incluso no existir. En cambio, él estaba convencido de que existían y de que estaban presentes tanto en las estrellas como en la materia «vulgar», como las piedras, en las que en aquel tiempo todos estaban convencidos de que no era posible encontrar verdades fundamentales. Precisamente estudiando las piedras Galileo empezó a buscar aquellas huellas, por un acto de fe en el Creador.

Un acto de fe y de humildad que nos ha permitido llegar hoy, en sólo cuatro siglos, a concebir la existencia del «supermundo»: la más alta cima de los conocimientos científicos galileanos, por tanto del saber riguroso, respecto a lo inmanente. Las fronteras mismas del supermundo confirman lo que decía antes, es decir que somos la única forma de materia viviente dotada de razón.

--Se han atribuido al Papa falsas declaraciones de condena respecto a Galileo Galilei, luego desmentidas. ¿Cuál cree que es el pensamiento de Benedicto XVI sobre Galileo?
--Zichichi: Para Benedicto XVI, la razón está en el centro de la cultura de nuestro tiempo. Su pensamiento sobre Galileo ha sido alterado, extrapolando una cita de Feyerabend (que declaraba justa la condena de Galilei), perteneciente a un discurso que en realidad tenía como objetivo mantener la tesis opuesta. Y justo en Galileo el Papa ve una unión entre ciencia y fe.

El 6 de abril de 2006, a la pregunta de un joven que participaba en la Plaza de San Pedro en un encuentro de preparación a la Jornada Mundial de la Juventud, Benedicto XVI respondió que «el gran Galileo» consideraba que la Naturaleza y la Biblia eran dos libros escritos por el mismo Autor. El libro de la Naturaleza, escrito en lengua matemática, porque para construir el Universo es necesario el rigor de la matemática; la Biblia, siendo palabra de Dios, tenía que ser escrita en cambio en un lenguaje sencillo y accesible a todos, como deben ser los valores de nuestra existencia, que es una simbiosis de la esfera inmanente y de la esfera trascendental.

--¿Qué es la ciencia?

--Zichichi: La ciencia, nos recuerda Benedicto XVI nace del acto galileano de humildad intelectual: Aquél que ha hecho el mundo es más inteligente que todos nosotros, científicos, filósofos, artistas, matemáticos, sin excluir a nadie. Para conocer la lógica que eligió el Creador para crear el mundo y a nosotros mismos, sólo hay una posibilidad: hacerle preguntas de modo riguroso. Este es el significado de «experimento de cuño galileano» y de aquí nace la ciencia galileana, que exige rigor y reproducibilidad.

Si yo en 1965 hubiera podido demostrar la existencia de la antimateria nuclear sólo con papel y pluma y usando el rigor de la matemática, no habría necesitado hacer un experimento sumamente difícil, para el que fue necesario inventar un circuito electrónico especial que midiera el tiempo de vuelo de las partículas subnuclares, con una precisión hasta entonces nunca obtenida: fracciones de nanosegundos (una mil millonésima parte de un segundo).

Para hacer un descubrimiento científico es por tanto necesario rendirse a la superioridad intelectual del Creador de todas las cosas visibles e invisibles, y realizar un experimento. Es lo que sucedió con la antimateria nuclear y con muchos otros descubrimientos.

Cada descubrimiento fue obtenido siempre tras un experimento que exigió al menos una invención tecnológica, como por ejemplo el más potente detector de neutrones, que ha permitido descubrir una formidable propiedad del universo subnuclear. No es una propiedad banal de las estructuras subnucleares, sino el resultado de las leyes que gobiernan el universo cuya regularidad y cuyas leyes ningún filósofo, lógico matemático, pensador, nadie, supo prever.

Si fuera suficiente el rigor de la lógica matemática para comprender cómo está estructurado el universo subnuclear, no necesitaríamos construir estructuras complejas y gigantescas como la nueva máquina que entrará en funcionamiento a finales de este año en el CERN de Ginebra: una pista magnética de 27 kilómetros, con una cantidad enorme de detectores, algo hasta ahora nunca realizado, para encontrar respuesta a la pregunta: «¿Cómo era el universo un décimo de nanosegundo después del Big Bang»?

--Usted habla a menudo de la necesidad de humildad intelectual en la investigación científica...

--Zichichi: Si no hubiera sido por el acto de humildad intelectual del padre de la ciencia moderna, Galileo, habríamos permanecido detenidos, quién sabe por cuantos siglos todavía, en lo que pensaban nuestros antepasados: basta ser inteligentes para comprender cómo está hecho el mundo.

Durante diez mil años, desde el alba de la civilización hasta el siglo XVI, todas las culturas creyeron ilusoriamente saber descifrar el Libro de la naturaleza sin hacer nunca una sola pregunta a su Autor. He aquí por qué a ninguna cultura le tocó el privilegio de descubrir ninguna ley fundamental de la naturaleza.

Hoy, la ciencia ha llegado al umbral del supermundo por aquel acto de fe y de humildad intelectual, madurado en el corazón de la cultura católica con Galileo, que Juan Pablo II, el 30 de marzo de 1979, en el Vaticano, estando presentes representantes de los físicos de toda Europa, definió hijo legítimo y predilecto de la Iglesia Católica.

Con su coraje intelectual y espiritual, Juan Pablo II trajo de nuevo a casa por fin los tesoros de la ciencia galileana, que son auténticas conquistas de la cultura católica. Y Benedicto XVI es hoy el máximo custodio de estos tesoros en la continuidad cultural de su apostolado con el de Juan Pablo II.

--¿Esto se conecta con la alianza entre ciencia y fe que usted ha mantenido siempre?
--Zichichi: El papa Juan Pablo II, abriendo las puertas de la Iglesia Católica a la ciencia galileana, dio vida a esta gran alianza entre fe y ciencia. Una alianza de la que es prueba la frase «ciencia y fe son ambas dones de Dios», grabada sobre hierro y expuesta a los científicos de todo el mundo en el Centro de cultura científica «Ettore Majorana», en Erice.

La cultura de nuestro tiempo se dice moderna pero de hecho es prearistotélica, como lo prueba esa carta que firmaron 67 personas que hoy se han convertido --según me han dicho-- en muchos miles.

Sin embargo, Enrico Fermi enseña que la ciencia está fundada en la meritocracia y no en el número de quienes firman una presunta verdad. No se pueden someter a votación las «Fuerzas de Fermi» o la ecuación de Dirac. Ni las leyes que seguimos descubriendo en el universo subnuclear. La democracia está bien para la política, no para las verdades científicas. Si viviéramos --como pretende la cultura dominante atea-- en la era de la ciencia, esa carta no hubiera tenido una sola firma: nunca habría sido escrita. Las raíces de esa carta están en la cultura de nuestro tiempo que --como decía antes-- se dice moderna, mientras que de hecho es prearistotélica. En efecto, ni la lógica rigurosa ni la ciencia han entrado todavía en el corazón de esta cultura que --como ha escrito el papa Benedicto XVI en el discurso preparado para la visita a «La Sapienza»-- «obliga a la razón a permanecer sorda al gran mensaje que viene de la fe cristiana y de su sabiduría. Comportándose así, esta cultura no permite que las raíces de la razón penetren hasta los manantiales que alimentaban su savia vital».

La síntesis más hermosa del pensamiento del papa Benedicto XVI está grabada en la cúpula de la basílica de Santa María de los Ángeles y de los Mártires en Roma, en la que hay otra famosa frase de Juan Pablo II: «La ciencia tiene raíces en lo inmanente pero lleva al hombre hacia lo trascendente». Negar a Benedicto XVI el derecho de llevar a los jóvenes el mensaje de la gran alianza entre fe y ciencia ha sido un acto de obscurantismo, no de laicidad.

Por Paolo Centofanti, traducido del italiano por Nieves San Martín

martes, 18 de agosto de 2015

PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS (III): LA FE Y LA CIENCIA, PREGUNTAS






Pregunta:. Son muchos los que piensan que la fe en Dios no puede casarse con la fe en la ciencia. ¿Qué opinan de esto? ¿Son mayoría o minoría los científicos creyentes?

Respuesta: Una de las cosas más llamativas de los últimos años en relación a la ciencia es el cambio que en ella se ha detectado respecto de la cuestión de Dios. Ya quedan atrás los tiempos en los que se usaba la ciencia contra la religión. Siglos atrás se defendía el determinismo más absoluto, pensando que la ciencia podría explicarlo todo, controlarlo todo y prescindir, lógicamente, de Dios. Uno recuerda los tiempos en los que se usaba la teoría de la evolución como arma contra la fe en Dios.

Las cosas han cambiado mucho. La filosofía actual parece una crisis de la que le costará levantarse, y ya no rige el ateísmo combativo de los Feuerbach, Marx, Freud, Niezsche y Sartre, sino el agnosticismo, propiciado por una filosofía que no conduce a ninguna parte. Ahí está la analítica del lenguaje como ejemplo. La filosofía, hoy en día, ya no ataca ni defiende a la religión, sencillamente porque ha perdido vigor, y reina en ella el escepticismo y la tristeza.

Pero es precisamente en la ciencia donde las cosas han cambiado a mejor, según mi parecer. De aquella ciencia arrogante del XVIII no queda ya nada, y la ciencia se está haciendo cada vez más humilde y abierta al problema de Dios.

Del Bing-Bang a la evolución
Uno de los elementos que más silencio y admiración están produciendo en el científico de hoy es el del Big Bang, la explosión inicial que ha dado origen al mundo de hoy. Los físicos han viajado a este momento inicial, el "tiempo cero" del estallido que ha dado origen a la expansión de las galaxias. Ello tuvo lugar en una fracción casi inimaginable de segundo, en la cifra equivalente a 10 de segundo, es decir, la cifra 1 precedida de 43 ceros. Y en este momento inicial todo estaba compuesto por una esfera que tenía el diámetro de 10 , millones y millones de veces más pequeña que el diámetro de un núcleo de átomo. Pues bien, todo el mundo actual procede de ese instante y de esa esfera.

Y las preguntas son ahora inevitables para los científicos: ¿qué había antes de ese momento inicial? ¿Es la creación? ¿Quién puso esa fuerza expansiva y la programó de tal modo que, si el más mínimo elemento hubiese fallado, habría conducido al más espantoso de los caos?

Si entramos ahora en el campo de la evolución, cada vez más los científicos se asombran del orden que reina en toda ella. Se han hecho cálculos para explicar el origen de una célula viva que está compuesta por una veintena de aminoácidos. Pero la función de los mismos depende de unas 2000 encimas específicas. Se ha calculado la probabilidad de que un millar de encimas diferentes se una para formar una célula viva y ello de la cifra de 10 . En palabras de F.Crick, premio Nobel de biología por el hallazgo del ADN, un hombre honesto tendría que aceptar que el origen de la vida se debe a un milagro.

Ya lo había dicho Pasteur en su tiempo: "Poca ciencia aleja de Dios. Mucha acerca a Él". Y no deja de ser curioso que la teoría de la evolución, usada en su día contra la fe, sólo se puede explicar en sus factores últimos si se cree en Dios. Su mano ordenadora explicaría lo que, de otro modo, quedaría sin explicación, toda vez que los científicos no encuentran una explicación suficiente. Ni la teoría de Darwin, hoy casi olvidada, ni la moderna teoría sintética que coloca en las mutaciones genéticas la causa del cambio de las especies, explican mucho. Las mutaciones genéticas que se conocen no cambian de especie, afectan sólo a caracteres secundarios y suelen ser regresivas. Hoy en día hay que creer en Dios para Explicar la evolución.
La fe de los científicos

Es un hecho que la mayoría de los científicos han sido creyentes. Lo fueron científicos clásicos como Copérnico, Galileo, Kepler, Newton, Lineo, Cuvier y Pasteur. Y han sido también creyentes los grandes de la física cuántica: Planck, Schrodiger, Heisenberg, Jordan, Von Braum y otros. Los científicos ateos, como Monod o Hawking, son una minoría.
Testimonios de científicos
El Dios está el principio de la reflexión de un creyente y al final de las investigaciones de un científico. (Novedades de Capellanía Universitaria de Navarra)


A. EINSTEIN: «A todo investigador profundo de la naturaleza no puede menos de sobrecogerle una especie de sentimiento religioso, porque le es imposible concebir que haya sido él el primero en haber visto las relaciones delicadísimas que contempla. A través del universo incomprensible se manifiesta una Inteligencia superior infinita».

Ch. DARWIN: «Jamás he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento máximo de la existencia de Dios, me parece, la imposibilidad de demostrar y comprender que el universo inmenso, sublime sobre toda medida, y el hombre, hayan sido frutos del azar».

N. COPÉRNICO: «¿Quién, que vive en íntimo contacto con el orden más consumado y la sabiduría divina, no se sentirá estimulado a las aspiraciones más sublimes? ¿Quién no adorará al Arquitecto de todas estas cosas?».

T. A. EDISON: «Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos, que es Dios».

HATHAWAY: (padre del cerebro electrónico «La moderna física me enseña que la naturaleza no es capaz de ordenarse a sí misma. El universo supone una enorme masa de orden. Por eso requiere una Causa Primera, grande, que no está sometida a la segunda ley de la transformación de la energía y que, por lo mismo, es sobrenatural».

W. VON BRAUN: «Por encima de todo está la gloria de Dios, que creó el gran universo, que el hombre y la ciencia van escudriñando e investigando día tras día en profunda adoración».

A. M. AMPERE: «¡Cuán grande es Dios, y nuestra ciencia, una pequeñez!».

I. NEWTON: «Lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos, un inmenso océano. La admirable disposición y armonía del universo no ha podido salir sino del plan de un Ser omnisciente y omnipotente».

K. F. GAUSS: «Cuando suene nuestra última hora, será grande e inefable nuestro gozo al ver a Quien en todo nuestro quehacer sólo hemos podido columbrar».

G. MARCONI: «Lo declaro con orgullo: soy creyente. Creo en el poder de la oración y creo no sólo como católico, sino como científico».

C. LINNEO: «He visto pasar de cerca al Dios eterno, infinito, omnisciente y omnipotente, y me he postrado de hinojos en adoración».

E. SCHRÖDINGER: (premio Nobel de Física, creador de la Mecánica Ondulatoria) «La obra maestra más fina es la hecha por Dios según los principios de la mecánica cuántica».

K. L. SCHLEICH: (célebre cirujano, descubridor de la anestesia local) «Me hice creyente por el microscopio y la observación de la naturaleza, y quiero, en cuanto esté a mi alcance, contribuir a la plena concordia entre la ciencia y la religión».

J. KEPLER: «Si Dios es grande, grande es su poder, grande su sabiduría. Alabadle, cielos y tierra. ¡Mi Señor y mi Creador! La magnificencia de tus obras quisiera yo anunciarla a los hombres en la medida en que mi limitada inteligencia puede comprenderla».

Sir Fred HOYLE: (gran astrónomo y matemático) «El universo de las galaxias se dilata, y se crea continuamente en el espacio nueva materia para mantener constante la densidad media del universo, y esto exige la existencia de un Creador».

A. S. EDDINGTON: (astrónomo y matemático inglés) «Ninguno de los inventores del ateísmo fue naturalista, sino filósofos mediocres. El origen del universo presenta dificultades insuperables, a no ser que lo consideremos sobrenatural».

J. barón VON LIEBIG: (químico y fisiólogo alemán) «La grandeza e infinita sabiduría del Creador la reconocerá realmente sólo el que se esfuerce por extraer sus ideas del gran libro que llamamos naturaleza».

E. WHITTAKER: (investigador y catedrático de la Universidad de Edimburgo) «Cuando se investiga profundamente sobre el origen del universo, no hay más opción que convertirse al catolicismo».

P. José Ramón Martínez Galdeano S.J.

martes, 11 de agosto de 2015

PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS (II): A PROPÓSITO DE HAWKING. ¿ES TANTO LIO?





1.- Recuerdo de un amigo de gran buen humor que, estando enfermo, se negaba a ir al médico porque en ese país –decía— los médicos eran magníficos ingenieros. Zapatero a tus zapatos. Cada uno que hable de lo que sabe, de lo que ha estudiado a fondo. Es un principio que con frecuencia hoy creo que se viola.
Vittorio Messori, en un artículo de hace unos años (2007), dice que estamos asistiendo a un regreso a formas de ateísmo militante. Parece que la visita del Papa esta recrudeciendo el fenómeno en Inglaterra. Stephen Hawking, entre otros, ha provocado una aparente tempestad con el agua de poco más que un balde. Sabíamos que era ateo, pero no eran de esperar manifestaciones sobre lo que no ha demostrado tener conocimientos suficientes de metafísica.

2.- La verdad es que me temo que no haya dicho lo que le harán haber dicho: que la ciencia pruebe que Dios no existe. Si mis informaciones no son erróneas ha dicho que los principios de la ciencia se sostienen sin necesidad de que Dios exista y que el mundo, tal como existe, se explica suficientemente por tales principios.
Hay que demostrarlo, pero hasta cierto punto es una expresión banal. Fuera de poquísimos científicos como Hawking el resto de los mortales —aun habiendo estudiado física y siendo profesores de ella— andan por el mundo —lo conocen suficientemente— sin haber resuelto el problema de si el cosmos se justifica o no en su existencia por sus propios principios. Y no les pasa nada. No es ninguna tragedia. La inmensa mayoría de conocimientos que poseemos los humanos, se sostienen, nos son útiles, conocemos con certeza algunos de ellos y los utilizamos sin que la certeza que tenemos de ellos se vea afectada por teorías o pruebas cosmológicas. Los problemas de Dios, de la historia, del derecho, de la medicina, de la sociedad, de lo moral, etc. no se presentan generalmente por necesidades de teoría alguna cosmológica. Y a la generalidad de los mortales le preocupan, al menos algunos de ellos, más que los cosmológicos. Desde este punto de vista y como reconoce otro ateo, Fernando Savater, la necesidad de solucionar bien la cuestión de la fe en Dios preocupa mucho más; los humanos la consideran mucho más importante y gana por goleada a la importancia dada a teoría alguna cosmológica.

3.- Por lo demás son varios los caminos por los que muchos hombres pueden llegar y de hecho han llegado al conocimiento de la existencia de ese ser real que hizo el universo, juzgará el valor de nuestra existencia y designamos con la palabra “Dios” o equivalentes: God, Zeos, Alá, El, etc.
Como ejemplo de tales caminos se pueden señalar la misma existencia del cosmos, su orden, el orden moral, la historia del pueblo judío, la existencia de Jesús, la Iglesia y los milagros que hasta hoy se siguen dando en ella. Hawking no roza más que el segundo y con menos fuerza el primero. Viene a decir que, dadas las leyes por las que se rige la materia, era forzoso que del bigbang surgiera este cosmos y por tanto no hace falta recurrir a un ser inteligente que dirigiera el proceso.

4.- Pero ese principio, al que recurre Hawking como “posible” explicación que “haría” innecesario el recurso a la existencia de una inteligencia ordenadora exterior al sistema, ¿con qué pruebas asegura Hawking sea cierto? La experiencia humana —la ciencia se basa en la experiencia— no conoce “explosiones naturales” “ordenadas”: Hiroshima, los volcanes, etc… Sin embargo lo que la experiencia detecta en el bigbang, que Hawking acepta como origen del universo, es que de aquella explosión han surgido un orden total y una serie de “ordenes” parciales, como las galaxias, el sistema solar, el orden de cada especie viva, sobre todo el del hombre, de tal complejidad que el hombre todavía hoy no los conoce en su totalidad y que se vienen repitiendo constantemente hasta el presente.
¿Es el azar lo que los ha producido y los mantiene? Si en la lotería apareciere como primer número premiado el 1234567, ese orden ya se prestaría a comentarios; pero si el hecho se repitiese cien, doscientas, un millón de veces seguidas, nadie atribuiría eso a la casualidad. El problema, que Hawking no afronta y que los científicos que se profesan ateos deben resolver, es por qué este mundo ha surgido así como es y se mantiene en ese orden.

5.- Pero antes será bueno recordar algunos principios que la ciencia ha usado y viene usando y que son los mismos que los filósofos creyentes han manejando para llegar a conocer la existencia de Dios por la razón natural. Tales principios son: el de la vigencia universal de los principios de causalidad y razón suficiente y el de la insuficiencia del azar como causa de los efectos constantes y uniformes. La ciencia ha surgido, progresado y progresa porque se pregunta por qué sucede esto o aquello y ha buscado su razón suficiente o su causa. Así procedieron Arquímedes, Galileo, Newton, Born, Plank, Einstein y todos los demás. Estoy seguro que el mismo Hawking procede así. El recurso al azar no explica sino que no se encuentra explicación. Pero eso no es ciencia.

6.- El caso es que la ciencia, al utilizar —no importa si en todos los casos el científico lo haga conscientemente o no— con éxito esos principios de razón suficiente y de causalidad y rechazar al azar como causa ni justificación del orden constante de la naturaleza, y haciéndolo con un éxito continuado (dentro de sus límites científicos), ha confirmado la validez de tales principios. En este sentido la ciencia, lejos de poner objeciones a las pruebas racionales de la existencia de Dios, se puede decir que por el contrario las apoya y confirma.
Porque es claro que existen muchos seres que comenzaron a existir y nuestra propia experiencia íntima lo confirma, y que todo lo que comienza a ser necesita de una causa eficiente distinta de sí mismo para ello. Porque sin existir nada ni nadie puede hacer algo. Operari sequitur esse: el obrar viene después del ser.
Una cadena infinita de seres hechos (que comenzaron a existir gracias a la acción eficiente de otro, no es solución. Por infinita que sea la cadena, lo que sucede es que no ha habido ninguno que haya podido obrar sin haber existido gracias al obrar de otro, que no existía. Pero esto es contradictorio: porque el último, que en el supuesto sería también hecho, habría existido, es decir habría sido hecho sin haber sido hecho todavía y obraría sin existir. La matemática nos ofrece ejemplos. Infinita es, por ejemplo, la secuencia de números pares. Es inútil rebuscar en ella el número 5, porque no es par. Ya se sabe que no está.

7.- Así pues hay que romper ese pandemónium de una sucesión infinita de meros seres existentes gracias a la acción de otro, a su vez hecho por otro. Es una idea en sí contradictoria. Hay que romper la cadena infinita que no cuelga de ningún sitio. Hay que admitir como necesario para que este mundo exista que exista un ser esencialmente distinto de los demás que exista sin que lo haya hecho ningún otro, que exista por necesidad intrínseca de sí mismo, que es necesario que exista.

8.- Claro que ese “SER NECESARIO” no es el ser maravilloso, bondadoso y Padre, que conocemos por la Biblia. En rigor sí es el mismo; pero es que por la razón no lo podemos conocer más que de forma muy imperfecta y bien oscura y —hay que reconocerlo— nada fácil para mucha gente. Por eso ha querido Él manifestarse más claramente. Pero me he alargado ya mucho. Lo dejamos para otra ocasión. ¿De acuerdo?
P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.

martes, 4 de agosto de 2015

PRUEBAS DE LA EXISTENCIA DE DIOS (I): DESDE LA EVOLUCIÓN Y EL AZAR








Sobre la evolución y el azar. 

Reflexiones complementarias a la prueba de la existencia de Dios a partir del orden en el universo.
1.1. A los argumentos expuestos responden con frecuencia los que optaron por el ateísmo o agnosticismo con el recurso a la evolución y al azar. Suelen combinar la evolución con el azar, aunque sean conceptos distintos, que expresan fenómenos diferentes.
1.1.1. Evolución significa que un ser va cambiando sucesivamente a lo largo del tiempo su modo de ser (composición, aspecto, tamaño, cualidades y propiedades, etc.), de modo que la situación de un momento prepara y anuncia el momento siguiente.
1.1.2. Azar significa que un suceso se produce sin que sea determinado por causa eficiente ni final ni influjo previo para que “sea así” y ni siquiera para que “sea”. La indeterminación suele ser limitada. Por ejemplo un dado de seis caras arrojado al aire descansa sobre una cara, nunca sobre un vértice ni arista, pero es por azar o “aleatorio” (así se dice) que descanse sobre cualquiera de las seis caras del dado. 

1.2. En cuanto al uso científico y filosófico de estos conceptos conviene advertir lo siguiente:
1.2.1. Todos los sucesos en que entra la materia suceden en el espacio y en el tiempo y normalmente por evolución. Los seres vivos cambian poco a poco, como vemos en el crecimiento de plantas, animales y en el mismo hombre. Pero también hay cambios rápidos y aun repentinos, como muchas muertes de seres vivos y sucesos catastróficos como terremotos o erupciones. Los objetos materiales, producto de la industria del hombre, se van produciendo también en un proceso sucesivo más o menos veloz. Automóviles y otros artefactos se producen evolutivamente.
1.2.2. Pero producirse por evolución no significa que se produzca sin causa o causas que vayan realizando el cambio o los cambios. Piénsese en la fabricación de una computadora. A estas causas se les llama causas eficientes, porque “hacen”, “efectúan” los cambios y “esos” cambios. Pero además esos procesos no se hacen sin que intervengan causas inteligentes que impongan un fin común a las causas eficientes, ni sin tener materiales o “algo” que pueda ser transformado.

1.3. Es esencial al “azar” la inconstancia. Si un dado cae unas cuantas veces seguidas sobre la misma cara, es claro que no es por casualidad; el dado está mal hecho o tiene trampa. La constancia de un fenómeno indica claramente que es no-aleatorio; tiene algo que causa y determina a ese efecto. Ni tampoco un resultado condiciona al siguiente; si la bola que aparece primera en una lotería, apareciera, basta, diez veces seguidas, todos los jugadores estarían ciertos de la trampa. Un suceso aleatorio es esencialmente inconstante e impredecible. 

1.4. De lo anterior se deduce que en los sucesos aleatorios el número de aciertos es claramente inferior al de fracasos. En el ejemplo del dado en número de veces que en un número grande de tiradas (p.e. cien) salga una cara concreta, p.e. la “tres”, andará cerca de la sexta parte; si difiere mucho la ciencia concluye que es por alguna causa oculta de la que se ignora su funcionamiento y aun su misma existencia.  

1.5. Además la causa (o causas eficientes, pues puede haber varias actuando simultáneamente) produce cada una un efecto parcial, que, combinado con el efecto de las demás, acaba produciendo un objeto único, compuesto de partes diferentes y de efectos parciales diferentes pero confluyendo todos ordenadamente a un efecto último. La realización de este proceso evolutivo (por ejemplo la fabricación de un objeto industrial) exige la intervención de la inteligencia (normalmente de muchas inteligencias). Es decir que los procesos evolutivos de la experiencia, repetitivos, fruto de la acción de muchos agentes y constantemente ordenados hacia un fin, requieren de causas eficientes, causas finales e inteligencia ordenadora. 

1.6. Las ciencias (nos referimos a las “más científicas entre las ciencias”, la física y la química) se han desarrollado en el supuesto de que en la naturaleza no viva (no hablamos ahora de los seres vivos y menos de los hombres) no se dan fenómenos aleatorios. La ciencia supone que todo fenómeno de la naturaleza inanimada es producido por causas eficientes y no inteligentes, que necesariamente obran de la misma manera en las mismas circunstancias. Sin este principio la ciencia moderna no existiría.

1.7. El estudio de los fenómenos aleatorios es un invento de la inteligencia humana para el estudio de fenómenos en los que interviene un número y complejidad de causas que no puede dominar, e incluso pueden intervenir causas humanas y en principio libres, pero de muy difícil o casi imposible control y aun identificación. Tales fenómenos pueden ser los terremotos, enfermedades, accidentes, control de calidad, etc. 


2. Sobre el origen evolutivo de las especies según Darwin

2.1. Darwin cree poder deducir su teoría de la evolución de las especies del hecho de las variaciones en los pinzones dependiendo de sus diversos hábitats. Cree poder deducir que la necesidad de sobrevivir ha forzado a modos de desarrollo diversos y a cambios en la especie. 

2.2. Darwin piensa que el proceso de cambio es muy lento, los cambios sonaleatorios y de los nuevos vivientes sólo perduran los que mejoran la calidad del ser vivo, pues los más débiles no pueden afrontar las condiciones adversas.

2.3. Sobre tales argumentos surgen dificultades, que no han sido resueltas.
2.3.1. Cambios motivados por los cambios en las formas de vida y la alimentación son conocidos aun en el hombre. En España, aun dentro de una generación, se pudieron constatar cambios notables en la talla, resistencia a las enfermedades, etc. Las causas eran sobre todo la mejora en la alimentación y la mayor edad de comenzar a trabajar.
2.3.2. Pero en general la ciencia, que debe manejar datos de experiencia, carece de ningún dato cierto de experiencia sobre el surgir de una nueva especie animal ni vegetal por evolución; mucho menos de la vida.
2.3.3. Sobre el supuesto de que se trataría de una evolución muy lenta, que requeriría mucho tiempo, la teoría del bing-bang, de la explosión original del “huevo cósmico”, sí tiene varios datos que la avalan, pero se trata de una explosión a velocidades cercanas a la de la luz, muy lejos de un proceso lento.
2.3.4. La experiencia dice que en un proceso aleatorio los “aciertos” se dan enmenor número que los procesos fallidos (v. 2.2). Los fallos habrían dejado restos, que podríamos llamar “basura aleatoria” y se habrían fosilizado. Así la “basura” fosilizada tendría que ser muy abundante. Sin embargo la ciencia no ha podido encontrar nada.
2.3.5. Dada la audacia de al menos un buen número de investigadores, dispuestos a saltarse todas las barreras, aun las morales, es de suponer que haya habido más de un intento de producir vida a partir de materia no viva, vida animal a partir de la vegetal, especie viva superior desde otra inferior, vida racional desde animal. Tales intentos han fracasado.
2.3.6. La investigación científica ha realizado sus mayores esfuerzos al estudio del origen del hombre, es decir al salto del simio al hombre racional. Se han ido encontrando fósiles de simios, especialmente cráneos, con crecientes semejanzas a cráneos humanos; también se han podido hacer de modo suficientemente razonable algún proceso inverso, con fósiles humanos cada vez más antiguos. Pero, prescindiendo de la dosis de inseguridad que tales constructos conllevan, la ciencia no ha llegado al “eslabón”, que sería el resto de un cuerpo humano que lleva en sí las señales del animal y es capaz de operaciones espirituales.
2.3.7. Tampoco se ha encontrado en el mundo de los fósiles ningún “eslabón” puente de una especie animal a otra parecida, como puede ser del gato al tigre o viceversa.
2.3.8. El tipo de investigación anterior (2.3.6) se fija exclusivamente en la morfología de los restos fósiles. En cierto sentido es un material bastante grosero para lo que se pretende estudiar. El estudio del cerebro humano vivo, instintos y psicología presentan una diversidad respecto a los de los animales tan grande que no tiene, por ahora, explicación como pueda hacerse por la evolución aleatoria de Darwin.   

2.4. Evolución darwiniana, el big-bang y la creación del mundo por Dios.
2.4.1. La evolución darwiniana es una idea sugestiva. El entendimiento humano en cualquier orden de conocimientos busca y goza al llegar a concepciones unitarias. El hecho de que los seres vivientes tengan una variedad tan grande y al mismo tiempo con frecuencia encontremos semejanzas entre especies distintas sugiere la posibilidad de que una proceda de otra. Esto apoya la idea de evolución. Pero al mismo tiempo esas coincidencias esconden diferencias grandes y tampoco le ha sido posible a la ciencia encontrar formas “de paso” del surgir una especie viviente de otra. Hay que reconocer que hasta el momento la ciencia no ha ofrecido pruebas de realidad a la teoría de la evolución darwiniana; sigue siendo mera hipótesis de trabajo.
La teoría del big-bang (un evolucionismo muy parcial, que ha tenido alguna comprobación interesante) supone una explosión a velocidades estelares. No es aleatoria sino claramente finalística.
Por fin la idea de la creación del mundo por Dios no es excluye que se haya realizado con un proceso evolutivo. El acto creador de Dios podría incluir un proceso evolucionista, más o menos complejo, que a lo largo de un tiempo haya ido haciendo surgir todo el resto del universo.
2.4.2.- Darwinismo y ateísmo. Fue el mismo Darwin el que creyó encontrar en su teoría argumento para negar la existencia de Dios: Dios no es necesario, todo habría surgido de la nada por evolución.
Por la historia sabemos de la dificultad intelectual de Darwin para los estudios teológicos, tan estrechamente unidos sobre todo entonces con la filosofía. La hipótesis darwiniana no invalida las pruebas que la filosofía (además de la teología) aporta a favor de la existencia de Dios.
Porque la evolución darwiniana supone que “algo” evoluciona. Este “algo” no puede suponerse indefinidamente no-necesario. Como ya hemos probado, la existencia real de un ser no-necesario es imposible sin que exista un ser necesario.
Por otro lado la evolución darwiniana es claramente finalística, lo cual hemos probado que exige necesariamente la dirección de un ser con inteligencia que vea, dirija y ordene todas los actos conducentes al fin. Este ser sería el ser necesario o exigiría su previa existencia.
En el caso de la fabricación de objetos, que la naturaleza no produce sino que el hombre ha inventado y produce, todos ellos llegan a existir tras un proceso evolutivo (incluso tras una conjunción de procesos evolutivos de sus componentes). Sin embargo tal proceso no es espontáneo ni necesario, sino que exige la previa existencia, acción y conjunción complicadísima de muchos agentes externos a la evolución fabricadora, que además son inteligentes, son previos a tal evolución y rigen los modos del proceso evolutivo. De manera análoga cualquier proceso evolutivo, por muy “primero” que sea, exige la previa existencia del ser anterior (en definitiva de Dios) que lo haga posible.
P. José Ramón Martínez Galdeano, S.J.