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miércoles, 6 de abril de 2016

COMENTARIO AL SALMO 6- SAN AGUSTÍN

SALMO 6

1. [v. 1] Para el fin. Entre los himnos de octava. Salmo de David. La expresión octavo uoctava nos parece un tanto confusa. El resto del título nos parece más comprensible. Algunos la han interpretado como el día del juicio, es decir, el tiempo de la parusía de nuestro Señor, cuando venga a juzgar a los vivos y a los muertos. Se cree que esta parusía o llegada tendrá lugar en el plazo de siete mil años comenzando a contar desde Adán. Este lapso de siete mil años equivaldría a siete días, y a continuación vendría el lapso de tiempo equivalente al día octavo. Pero como el Señor dijo:No os toca a vosotros conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha reservado a su autoridad; y el día y la hora nadie los sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino solamente el Padre. Por otra parte, el pasaje bíblico donde se dice que el día del Señor se presentará como un ladrón, pone de relieve con suficiente claridad que a nadie le incumbe arrogarse el conocimiento de esa fecha en base a cualquier tipo de cómputos temporales. Porque si de hecho aquel día tuviera lugar a los siete mil años, todos los hombres contarían con la posibilidad de conocer esa venida. No tienen más que hacer un recuento de los años. Pero, en tal hipótesis, ¿dónde quedaría la afirmación del Señor de que ese extremo no lo conoce ni siquiera el Hijo? Este enunciado está hecho basándose en el hecho de que los hombres no se informan del acontecimiento por conducto del Hijo, no porque él lo desconozca, sino por atenerse a aquella expresión: Quiere el Señor Dios vuestro probaros para saber, es decir, para hacer que sepáis, y esta otra: Levántate, Señor, es decir haz que nos levantemos. Por consiguiente, si se afirma que el Hijo desconoce este día -no porque de hecho lo desconozca, sino porque hace que lo desconozcan aquellos a quienes no les incumbe conocerlo-, o sea, que no se lo manifiesta, ¿qué pretende ese tipo de conjeturas que no sé cómo calificar y que, basándose en cómputos de años, espera con seguridad matemática el día del Señor dentro de siete mil años?

2. En resumidas cuentas, como el Señor quiso mantenernos en la ignorancia sobre este punto, aceptémoslo de buena gana y analicemos el significado de este título expresado en las palabras sobrela octava o sobre el octavo. Naturalmente cabe la posibilidad, sin incurrir en cálculos temerarios, de interpretar este día octavo como día del juicio, teniendo en cuenta que, una vez que alcancen la vida eterna después del fin del mundo, las almas de los justos ya no estarán sujetas a lo temporal. Y puesto que el conjunto del tiempo va deslizándose dentro de la periodicidad de estos siete días, es posible que el día exento de tales vaivenes reciba la denominación de día octavo. Existen, además, otros motivos interpretativos, sin tener que recurrir al absurdo, que responden al por qué al día octavo se le llama día del juicio que tendrá su realización después de las dos generaciones: de la generación referente al cuerpo y de la generación referente al alma. Desde Adán hasta Moisés el hombre vivió según el cuerpo, es decir, según la carne. Este hombre recibe la calificación de hombre exterior y de hombre viejo. Fue el destinatario de la Antigua Alianza, a fin de que, mediante las prácticas religiosas aunque todavía carnales, fuera un signo previo de las prácticas espirituales del futuro. En todo este lapso de tiempo en que se vivía según el cuerpo, reinó la muerte, en expresión del Apóstol, incluso entre los que no habían pecado. Y reinó a semejanza de la transgresión de Adán, como el mismo Apóstol dice. La expresión hasta Moisés hay que interpretarla como sigue: hasta la aparición de las obras de la Ley, es decir, hasta la observancia carnal de aquellos misterios que, en virtud de cierto secreto, mantuvieron atados de pies y manos incluso a aquellos que estaban sometidos a un único Dios. Pero desde la venida del Señor, cuando se realizó el paso de la circuncisión de la carne, a la circuncisión del corazón, apareció la convocatoria que nos intimaba a vivir según el alma, es decir, según el hombre interior, también llamado hombre nuevo, en virtud o en base a la regeneración y a la renovación de sus prácticas espirituales. Por lo demás, resulta evidente que el número cuatro guarda conexión con el cuerpo debido a los cuatro famosos elementos de que consta y también debido a sus cuatro cualidades o características: seca, húmeda, cálida y fría. Por eso su gestión también se lleva a cabo en las cuatro estaciones: primavera, verano, otoño e invierno. Esto es de sobra conocido. Ya en otra parte se ha tratado con mayor agudeza del número cuatro referido al cuerpo, pero también con una mayor ambigüedad y oscuridad. En este sermón queremos evitar este extremo, ya que pretendemos adaptarlo incluso a los menos eruditos. Respecto al número tres, cabe la posibilidad de interpretarlo en conexión con el espíritu, basándonos para ello en la triple intimación al amor de Dios: con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente. Pero todo ello constituye tema propio del evangelio, no de los salmos. Ahora bien, por lo que respecta al testimonio del número tres relativo al espíritu, creo que con lo dicho basta por ahora. Así pues, una vez que hayan transcurrido los números del cuerpo relativos al hombre viejo y al Antiguo Testamento; transcurridos, asimismo, los números del espíritu relacionados con el hombre nuevo y con el Nuevo Testamento, y transcurrido el número siete -ya que cada uno de ellos tiene su desarrollo temporal: el cuatro en el cuerpo y el tres en el espíritu-. Se presentará el día octavo, día del juicio, que dará a cada uno según sus méritos y que transferirá a los santos no a las obras temporales, sino a la vida eterna, mientras condenará para siempre a los pecadores.

3. [v. 2] Alarmada por el temor a tal castigo, la Iglesia ora en este salmo: Señor, no me corrijas con ira. También el Apóstol la llama ira del juicio: Te estás almacenando ira para el día de la ira del justo juicio de Dios. Todos los que ansían la salud en esta vida rechazan verse escarmentados por la ira. No me corrijas en tu cólera. Corrijas, parece una forma más suave, pues tiene como objetivo la enmienda. El que es objeto de reproches y de acusación es de temer que tenga como paradero la perdición. Pero sabiendo, a nuestro entender, que la cólera tiene mayor intensidad que la ira, podemos ahora cuestionarnos por qué la corrección, más templada de suyo, se sitúa al lado de la cólera, naturalmente más dura. Personalmente soy de la opinión de que los dos vocablos significan una misma realidad. El griego thymós del verso primero es sinónimo de orgé en el verso segundo, y cuando los traductores latinos trataron de elegir dos palabras, buscaron un sinónimo de ira y pusieron cólera. De todos modos existen variantes en los diversos códices. En unos aparece en primer término ira y en segundo cólera. En otros ocurre a la inversa. Y hay algunos donde en vez de cólera aparece el vocablo indignación o amargura. Sea de ello lo que fuere, se trata de un movimiento psíquico que induce a provocar castigo. Pero este movimiento psíquico no cabe atribuírselo a Dios igual que lo achacamos a nuestro espíritu. De Dios se dice: Tú, Señor poderoso, juzgas con serenidad. Ahora bien, donde reina la serenidad no cabe convulsión alguna. Consiguientemente, en Dios juez no cabe alteración. Pero la alteración que se da en sus ministros, dado que está relacionada con sus leyes, se llama ira de Dios. Es precisamente en esta ira en la que no quiere verse reprochada el alma que ora en la actualidad. Tampoco quiere que la corrijan, es decir, que la enmienden o que la eduquen. El texto griego presenta la lectura paidéuses, eduques. En el día del juicio son objeto de reproche cuantos no han sentado el cimiento que es Cristo. Y son objeto de enmienda o rectificación cuantos, sobre este cimiento, levanten un edificio de madera, de barro o de paja. Todos ellos sufrirán daño o menoscabo. No obstante, saldrán con vida, pero como quien pasa a través del fuego. ¿Cuál es el objeto de la oración de esta persona, si no quiere que la ira de Dios la reproche o la enmiende? ¿Qué va a pedir sino la curación? Naturalmente. Donde hay una curación ya no existe ni miedo de morir, ni temor a una intervención quirúrgica a base de cauterio o bisturí.

4. [v. 3-4.] El salmista prosigue diciendo: Misericordia, Señor, que estoy enfermo; cúrame, Señor, porque mis huesos están dislocados, es decir, la estabilidad y vigor de mi alma. Tal es el sentido de la expresión mis huesos. A1 aludir a éstos, el alma dice que tiene dislocada su robustez. Pero esto no nos tiene por qué llevar a pensar en que el alma tenga huesos como los que vemos en el cuerpo. Por eso, para evitar la interpretación de estos huesos aplicada al cuerpo, a este planteamiento responde el texto que sigue: Mi alma está muy alterada. Y tú, Señor, ¿hasta cuándo? ¿Quién al llegar a este pasaje no ve en él reflejada el alma que se debate en sus dolencias, cuando el médico ha alargado tanto el tratamiento que llega a la convicción de que el mal en que ha ido precipitándose reviste tanta gravedad? Lo que tiene fácil curación apenas si es motivo de desasosiego, pero cuando la curación entraña dificultades, el cuidado de la salud registra mayor esmero. Por consiguiente, no hay que considerar cruel a Dios cuando se le apostrofa: Y tú, Señor, ¿hasta cuando? Al revés, Dios es un buen pedagogo sobre los males del alma que se ha acarreado a sí misma. Esta alma no ha llegado todavía a una oración tan perfecta que se le pueda decir: Mientras aún estés hablando, yo responderé: aquí estoy. Simultáneamente el alma tiene que reconocer un hecho: si los que se convierten a Dios encuentran tantas dificultades, ¿cuánto mayor será el castigo dispuesto para los pecadores que no quieren convertirse? Exactamente lo mismo que se dice en otro pasaje: Si el justo a duras penas se salva, ¿qué va a ser del impío y del pecador?

5. [v. 5] Vuélvete, Señor, y liberta mi alma. En su actitud personal de retorno, ruega que también Dios se vuelva hacia ella, de acuerdo con el pasaje: Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, dice el Señor. ¿O la expresión vuélvete, Señor, hay que interpretarla en el sentido de: haz que yo me vuelva? Súplica que tendría su explicación en la experiencia de las dificultades y fatigas que entraña la acción de retornar. Nuestra conversión total encuentra dispuesto al Señor, tal como lo expresa el profeta: Lo hallaremos dispuesto como la aurora mañanera. Nuestra pérdida de Dios no se debe a una ausencia suya, ya que está en todas partes. Ha sido obra nuestra al darle la espalda. Estaba en este mundo, dice Juan, y el mundo se hizo mediante Él, y el mundo no lo conoció. Si, pues, estaba en este mundo y el mundo no lo conoció, es debido a que nuestra impureza no tolera contemplarle a él. Y en nuestra operación de retorno, es decir, mientras remodelamos nuestro espíritu cambiando nuestro antiguo modo de vivir, sentimos en nuestra propia carne lo duro y laborioso queresulta replegarse desde la noche cerrada de los apetitos terrenales hasta la serenidad y tranquilidad de la luz divina. En tal coyuntura decimos: Vuélvete, Señor. Es decir, ayúdanos para que nuestro retorno sea completo, te halle dispuesto y te muestres como objeto de fruición de quienes te aman. Por eso, después de decir vuélvete, Señor, añadió: Y libera mi alma. Como si estuviera estancada entre las vacilaciones y titubeos de este mundo. Como si en esta operación de retorno se viera obligada a aguantar las punzaduras de deseos desgarradores. Sálvame, por tu misericordia. Comprende que la sanación no es algo imputable a sus propios méritos, ya que en realidad el pecador y el transgresor de un precepto estipulado eran acreedores de un justo castigo. Sáname, pues, dice, no en atención a mis méritos, sino por tu misericordia.

6. [v. 6] Porque en el reino de la muerte no hay nadie que se acuerde de ti. Deduce, asimismo, que la conversión o retorno es tarde ahora, porque, una vez que pase esta vida, lo único que resta es la retribución según los méritos. Y en el infierno, ¿quién te confesará? Lo confesó en el infierno aquel ricachón de que habla el Señor, que vio a Lázaro en medio del solaz mientras él sufría rodeado de tormentos. Y su confesión llegó hasta el colmo de pretender alertar a sus familiares de que se abstuvieran de pecar en evitación del castigo del abismo infierno cuya existencia ponían en tela de juicio. Y aunque su confesión fue un rasgo completamente inútil, al pretender prevenir a sus parientes para que no se precipitaran en aquellos tormentos, proclamó de manera inequívoca que era acreedor de ellos. ¿Qué significa, pues, el pasaje: en el infierno, ¿quién te confesará? ¿Quiso que se entendiera por infierno el lugar donde se precipitarán los impíos después del juicio y donde, debido a las tinieblas más intensas, no verán ni un resquicio de la luz de Dios como para confesarle lo más mínimo. Respecto a este personaje, simplemente con levantar los ojos, pudo contemplar a Lázaro instalado en el descanso, aunque los separaba un abismo inmenso. Cotejando su persona con la propia, se vio precisado a confesar los méritos del otro. También cabe otra interpretación. Puede denominar muerte al pecado cometido por desprecio de la ley divina, hasta el punto de llamar muerte al aguijón de la muerte precisamente porque acarrea la muerte. En efecto, el pecado es el aguijón de la muerte. En esta muerte el desprecio de la ley y de los mandamientos de Dios equivale al olvido personal que tenemos de Dios. De este modo llamaría infierno a la ceguera de espíritu que se apodera y termina por cercar al que peca, es decir, al que muere. Como además, en expresión del Apóstol, no mostraron conocer a Dios, Dios los entregó a un modo de pensar reprobable. Lo que el alma suplica es que 1e den garantías ante esta muerte y ante este infierno,al tiempo que se afana por volvera Dios y tropieza con dificultades.

7. [v. 7]. En contexto con lo anterior, prosigue: Me he agotado de tanto gemir. Y viendo el poco provecho que esto le ha reportado, añade: Noche tras noche lavaré mi lecho. Llama lecho al lugar donde descansa el espíritu débil y desmejorado. Es decir, está recostado en el placer corporal y en todos los deleites mundanos. Todo este tipo de placeres los lava con lágrimas quien intenta zafarse de ellos. Por un lado, ve que ya desaprueba los apetitos de la carne, mientras que, por otro, su debilidad es fácil presa del placer, y en el placer se halla a gusto. Si no se halla curado, el espíritu no puede levantarse de este lecho. La expresión noche tras noche quizá quiso interpretarla como sigue: quien goza de disponibilidad de espíritu percibe una pequeña lucecita de la verdad. No obstante, debido a la debilidad de la carne, se apoltrona de vez en cuando en los placeres de este mundo. En cierto modo se ve como forzado a soportar días y noches, con alternativas de sentimientos encontrados. Tal ocurre cuando dice: Con la mente sirvo a la ley de Dios. Entonces barrunta el día. Por el contrario, cuando dice: mas con mi carne estoy sujeto a la ley del pecado, se escora hacia la noche, hasta que ésta pase en su totalidad y apunte el único día del que se dice: Por la mañana me presentaré delante de ti y veré. Sólo entonces hará acto de presencia. Ahora está acostado mientras se encuentra en el lecho, que lavará noche tras noche para, con tanta abundancia de lágrimas, recabar una medicina enérgica y operativa procedente de la misericordia de Dios. Regaré con lágrimas mi cama. Es una reiteración. Al decir con lágrima subraya la expresión anterior, lavaré. La expresión actual lecho es sinónimo de la anterior, cama. Aunque, bien miradas las cosas, regarétiene un sentido más profundo que lavaré, porque el lavado puede suponer una operación periférica o superficial, mientras que el riego es algo que cala profundamente. Riego es la traducción adecuada de ese llanto que penetra hasta las intimidades del corazón. La alternancia temporal, que emplea pretérito al decir: me agoté de tanto gemir, para pasar al futuro en las expresiones: lavaré noche tras noche mi lecho, y regaré con lágrimas mi cama, patentiza las sugerencias que debe hacerse todo aquél que en sus gemidos no ve más que actitud frustrante. Es algo así como si dijera: nada he adelantado con tales prácticas; por tanto voy a hace otra cosa.

8. [v. 8] Tengo mi ojo irritado por la ira. ¿Se trata de una irritación personal que le lleva a pedir que no se le corrija ni se le reproche nada, o se trata de la ira de Dios? Si se trata de la ira de Dios, simbolizada en el día del juicio, ¿cómo cabe entenderla referida al presente? ¿Acaso es una incoación de la ira de Dios el que los hombres padezcan en la actualidad dolores y sufrimientos y, lo que es peor, el trastorno en la comprensión de la verdad, como ya apunté al aducir el texto: Dios los entregó a un modo de pensar reprobable? En efecto, se trata de una ceguera mental. Quien se ve abandonado a ella, queda excluido de la luz interior de Dios. Pero no se trata de una exclusión radical mientras el hombre está con vida. Hay unas tinieblas exteriores que preferentemente se interpretan aplicadas al día del juicio. Se halla radicalmente fuera de Dios todo el que se niega a corregirse mientras cuenta con tiempo para ello. ¿Y qué es estar radicalmente fuera de Dios sino estar instalado en la ceguera absoluta? La realidad es ésta, puesto que Dios mora en una luz inaccesible donde tienen acceso los destinatarios de la invitación: entra en el gozo de tu Señor. Según esto, la incoación de esta ira es la que experimentan todos y cada uno de los pecadores. Ante el temor al día del juicio sufren y se lamentan para no verse abocados a aquel extremo de cuyos inicios ya tienen una experiencia actual bastante funesta. Por eso no dijo: Mi ojo se ha apagado, sino mi ojo se ha irritado por la ira. Nada tiene de extraño que diga que su ojo está irritado por la ira. Quizá haya tomado pie de este pasaje la expresión: Que la puesta del sol no os sorprenda en vuestra ira. Dentro de si misma, la mente considera ese sol interior, que es la Sabiduría de Dios, como un sol ya puesto. La misma irritación de su ojo no le permite verlo.

9. He envejecido entre todos mis enemigos. Hasta ahora sólo había hablado de la ira, en el supuesto de que se refiera a la ira personal. Pero una vez que contempló el resto de los vicios, vio que todos le habían puesto asedio. Al ser estos vicios propios de la vida vieja y del hombre viejo, del que tenemos que despojarnos para vestirnos del nuevo, la expresión he envejecido resulta exacta. Al decir entre todos mis enemigos puede referirse bien a los vicios mismos, bien a los hombres que no quieren convertirse a Dios. Estos, en efecto, aun sin saberlo, aun perdonando, aun asistiendo a los mismos banquetes, viviendo en la misma casa y en la misma ciudad sin que medie ningún tipo de pleitos, aun disfrutando de la conversación y de la charla habitual en una especie de concordia, son enemigos de los que se convierten a Dios, ya que sus objetivos son contrarios. Los unos, al amar el mundo y al írseles los ojos tras él, y los otros, al ansiar liberarse de este mundo, son enemigos entre si. ¿Quién no ve esto? Estos enemigos, si les es posible, arrastran a los buenos al castigo. Ya es un gran don desenvolverse a diario entre sus conversaciones y no salirse del camino de los mandamientos de Dios. Pues ocurre con frecuencia que el alma que se embarca en la aventura de ir a Dios tiembla estremecida cuando va de camino. Y con relativa frecuencia no realiza su buen propósito precisamente para no provocar a aquéllos con quienes convive, ya que éstos aman y persiguen los bienes perecederos y transitorios. Toda persona sana se aparta de estos últimos no con distancia local, sino espiritual y afectiva.Efectivamente, los cuerpos ocupan lugar, pero el lugar del espíritu es su propia querencia.

10. [v. 9] Por todo lo cual, tras el agotamiento, los gemido y la asidua periodicidad de las lágrimas -dado que no puede ser inútil lo que constituye el ruego apasionado ante el que es fuente de todas las misericordias-, se ha dicho con toda propiedad: El Señor está cerca de quienes tienen atribulado su corazón. Al dar a entender que el alma piadosa ha sido escuchada después de pasar por dificultades tan grandes -realidad perfectamente aplicable también a la Iglesia-, mira lo que añade: Apartaos de mi todos los obradores de maldad, porque el Señor ha escuchado la voz de mi llanto. Una de dos: o se trata de una expresión profética basada en el hecho del distanciamiento de impíos y justos en el día del juicio, o se trata de algo actual. Porque, aunque unos y otros estén englobados en idénticos grupitos, en la era se hallan ya los granos bien limpios y separados de la paja, aunque se mantengan ocultos entre ella. Podrán vivir juntos, pero el viento no los aventará juntos.

11. [v. 10] Porque el Señor ha escuchado la voz de mi llanto. El Señor ha escuchado mi súplica, el Señor ha acogido mi oración. La repetición periódica de una misma expresión muestra los sentimientos del que está gozoso, no una especie de necesidad del expositor. Ese es el modo de hablar de la gente satisfecha: no les basta expresar su alegría una sola vez. Tal es el fruto de aquel gemido agotador y de aquellas lágrimas con que se lava el lecho y se riega la cama, porque los que siembran con lágrimas cosechan entre cantares, y dichosos los que lloran porque ellos serán consolados.

12. [v. 11] Que se avergüencen y llenen de turbación todos mis enemigos. Hace poco dijo: Apartaos de mí, y esto puede ocurrir en esta vida, como quedó expuesto. En cuanto al pasaje que se avergüencen y llenen de turbación, no acabo de ver su realización más que dentro del marco del día en que se harán públicos los premios de los justos y los suplicios de los pecadores. Porque lo que es ahora, los impíos no sólo no se avergüenzan, sino que no cesan de denigrarnos. Y con frecuencia sus insultos tienen tanta eficacia que consiguen que los débiles se avergüencen del nombre de Cristo. Pero viene muy a cuento el pasaje: Quien se avergüence de mí delante de los hombres, yo me avergonzaré de él delante de mi Padre. A mayor abundamiento, es víctima de la mordacidad de los impíos todo el que desee llevar a la práctica aquellos mandatos de repartir las riquezas; dar limosna a los pobres, para que su justicia dure por siempre, y, después de vender todas sus posesiones de la tierra y de darlas a los pobres, quiera seguir a Cristo, diciendo: Nada trajimos a este mundo, y nada podremos llevarnos, así que teniendo qué comer y con qué vestirnos, démonos por contentos. Los que se niegan a curarse le tildan a uno de anormal y desequilibrado. Y ocurre con frecuencia que, para evitar que la gente sin esperanza y desahuciada le califique de este modo, llega a vacilar en el cumplimiento o deja para más adelante las recetas del médico más fiable y eficiente. Por tanto, no pueden avergonzarse aquellos por cuyo medio no deseamos avergonzarnos nosotros, como es de esperar, ni demos marcha atrás, ni se nos pongan obstáculos o rémoras. Pero llegará el momento en que sean ellos los que se avergüencen, repitiendo aquello de la Escritura:Estos son aquellos de quienes un día nos reíamos y les convertimos en objeto de escarnio. Nosotros, insensatos, tuvimos su vida por locura, y considerábamos su muerte como una deshonra. ¿Cómo es que ahora se cuentan entre los hijos de Dios y comparten su herencia con los santos? Luego nos extraviamos del camino de la verdad, y la luz de la justicia no nos alumbró, y el sol no salió para nosotros. Nos hartamos del camino de la maldad y de la perdición, recorrimos soledades intransitables, pero no reconocimos el camino del Señor. ¿De qué nos ha servido nuestro orgullo? ¿Qué nos ha aportado el jactarnos de nuestras riquezas? Todo aquello pasó como una sombra.

13. En cuanto al pasaje: Que retornen y queden confundidos, ¿quién no pensará que todos cuantos no quisieron retornar a la salud reciben como castigo justísimo un retorno a la confusión? Acto seguido añadió: Con suma celeridad. Cuando el día del juicio comience a privarles de toda esperanza y cuando estén diciendo "hay paz", entonces, de improviso, les caerá encima el exterminio. Venga cuando viniere, vendrá de repente lo que se desconfiaba que iba a venir. Sólo la esperanza de vivir hará que apreciemos la longitud de la vida. De hecho, nada nos parece más fugaz que cualquiera de los momentos vitales ya pasados. Según eso, cuando llegue el día del juicio podrán observar los pecadores que no es larga la vida que pasa. Y en términos absolutos, no cabe que piensen que ha llegado tarde lo que ha llegado sin que ellos personalmente lo hayan deseado y, menos aún, creído. También cabe otra interpretación. Puesto que Dios prestó oídos al alma en medio de sus gemidos y de su llanto prolongado, se interprete su propia liberación de los pecados, el dominio de todos los movimientos pervertidos de la inclinación carnal, a tenor de lo que dice: Apartaos de mí todos los obradores de maldad, porque Dios ha escuchado la voz de mi llanto. Cuando esto suceda, no tendrá nada de extraño, habida cuenta de su grado personal de perfección, que rece por los enemigos. De acuerdo con esto, el pasaje que retornen y queden confundidos todos mis enemigos se puede interpretar así: que hagan penitencia de sus pecados, cosa que no es posible sin que se siga desasosiego y la alteración. No existe, pues, inconveniente alguno en interpretar el pasaje que retornen y se avergüencen en el sentido de que se conviertan a Dios y se avergüencen de que en otro tiempo hicieron alarde de sus pasadas tinieblas de pecados, tal como lo expresa el Apóstol: ¿Qué gloria obtuvisteis entonces de aquello que ahora os causa rubor? En cuanto a la expresión final, con suma celeridad, hay que relacionarla o bien con los sentimientos del que suplica, o bien con el poder de Cristo que, con una carrera temporal tan vertiginosa, convirtió a los gentiles que, por defender a sus ídolos, perseguían a la Iglesia.

Traducción: José Cosgaya García. OSA

miércoles, 30 de marzo de 2016

COMENTARIO AL SALMO 5- SAN AGUSTÍN

SALMO 5

1. [v. 1] Título del Salmo: En atención de aquella que recibe la herencia. Nuestra interpretación va, lógicamente, referida a la Iglesia, que recibe como herencia la vida eterna, por nuestro Señor Jesucristo, para tomar posesión del mismo Dios con cuya unión se sienta dichosa, de acuerdo con el texto: Dichosos los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Y la tierra no es sino aquella de la que se dice: Tú eres mi esperanza, y mi lote en la tierra de los vivientes. Más claro aún: el Señor es el lote de mi heredad y de mi copa. También la Iglesia, por su parte, tiene la acepción de heredad, si nos atenemos a las palabras: Pídemelo, y te daré las naciones en herencia. Por consiguiente, nuestra heredad es Dios, porque él es quien nos alimenta y nos sostiene. Y nosotros somos heredad de Dios, puesto que él es nuestro administrador y gerente. Por todo ello, en este salmo se manifiesta la voz de la Iglesia llamada a la herencia, para acabar siendo ella misma heredad del Señor.

2. [v. 2] Señor, escucha mis palabras. Ella, que se siente llamada, llama al Señor para, con ayuda suya, ir sorteando la maldad de este siglo y llegar hasta él. Atiende a mis gemidos. Pone de relieve en qué consiste este gemido y lo profundo e íntimo que tiene que ser para llegar hasta Dios desde la morada secreta del corazón, sin estridencias corporales, dado que la voz corpórea penetra por los oídos, mientras que la voz espiritual tiene como meta la inteligencia. También se trata de una escucha por parte de Dios, no por conducto de oídos de carne, sino por la presencia de su majestad.

3. [v. 3] Atiende a la voz de mi súplica, es decir, a la voz que pide a Dios que le atienda. ¿De qué voz se trata? Ya lo insinuó al decir: Atiende a mi grito. Atiende a la voz de mi súplica, rey mío y Dios mío. Aunque el Hijo es Dios, y el Padre es Dios, y ambos son un solo Dios, y si nos preguntan acerca del Espíritu Santo, no debemos responder sino que es un solo Dios,y cuando se mencionan juntos el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, no cabe entender sino que se trata de un único Dios, sin embargo, las Escrituras suelen llamar rey al Hijo. Por consiguiente, habida cuenta de las palabras:al Padre se va por mí, es muy razonable en primer lugar la expresión Rey mío, para decir acto seguido Dios mío. Por lo demás, no dijo atended, sino atiende. En efecto, la fe católica no proclama dos o tres dioses, sino que afirma que la Trinidad misma es un solo Dios. Y no lo hace dejando abierta la posibilidad de que esta Trinidad se denomine unas veces Padre, otras Hijo y otras Espíritu Santo, como creyó Sabelio, sino que el Padre solo es Padre, el Hijo solo Hijo, el Espíritu Santo solo Espíritu Santo, y esta Trinidad un solo Dios. Por todo ello, creemos que la expresión del Apóstol: de él, por él y en él son todas las cosas es ya una indicación de esta Trinidad. Y sin embargo, no añadió: A ellos la gloria, sino a él la gloria.

4. [v. 4] A ti te suplicaré, Señor; por la mañana escucharás mi voz. ¿Qué pretendió decir antes con la expresión escucha? ¿Aspiraba a que la escuchara en una especie de tiempo presente? ¿Por qué ahora dice por la mañana escucharás, no escucha, y te suplicaré, no te suplico, para acabar diciendo: Por la mañana me presentaré a ti y veré, en vez deme presento y veo? Aunque bien puede ser que la oración reseñada arriba patentice ya la invocación formal. Al hallarse a oscuras, debido a la negrura tormentosa de este siglo, se percata de que no ve el objeto de sus deseos, y sin embargo, no flaquea su esperanza, debido a que la esperanza que se ve no es esperanza. Por otra parte, comprende el motivo por el que no ve, y es que la noche, es decir, las tinieblas merecidas por los pecados, no han acabado de pasar. Consiguientemente, dice: A ti te suplicaré, Señor. Es decir, puesto que tú, a quien voy a dirigir mi oración, eres tan grande, por la mañana escucharás mi voz. Tú no eres un cualquiera como para dejarte ver de aquellos de cuyos ojos no se ha retirado aún la noche de los pecados. Una vez que haya pasado la noche de mi error y se hayan retirado las tinieblas, producto de mis pecados personales, entonces escucharás mi voz. En estas circunstancias, ¿por qué no dijo antes: escucharás, sino: escucha? ¿Se debe tal vez a que, tras haber dicho escucha y no haber sido atendida su demanda, cayó en la cuenta de que había algo que tenía que desvanecerse para que pudieran escucharla? ¿O ya la habían escuchado antes, pero no lo había advertido, al no acabar de ver quién lo había hecho? ¿O es que la expresión por la mañana me escucharás viene a decir por la mañana comprenderé que he sido escuchada, al igual que la expresión levántate, Señor, se interpreta como haz que me levante? Solo que este último pasaje se refiere a la resurrección de Cristo. Por lo demás, no cabe duda de que el pasaje: el Señor vuestro Dios os pone a prueba para ver si le amáis de verdad, sólo tiene una interpretación correcta: que sepáis por conducto de él y se os patentice de una manera personal la medida de vuestro avance en su amor.

5. [v. 5-7] Por la mañana me presentaré a ti y veré. ¿Qué interpretación darle a me presentaré? Pues, sencillamente, no seguir tumbado. ¿Y qué es estar tumbado, sino arrellanarse para descansar en tierra, lo que equivale a buscar la dicha en los placeres de la tierra? Me presentaré, dice, y veré. Si realmente queremos ver a Dios, a quien contemplan los limpios de corazón, no debemos instalarnos en las realidades terrenales. Pues tú no eres un Dios que ame la iniquidad, ni el malvado acampará a tu lado, ni los injustos se mantendrán en tu presencia. Aborreces a los malhechores, destruirás a todos los que hablan mentira. El Señor aborrecerá al hombre sanguinario y traicionero. La iniquidad, la maldad, la mentira, el homicidio, el fraude y otros vicios por el estilo son esa noche. Una vez que pasa esta noche, llega la mañana que posibilita ver a Dios. Ha expuesto, por tanto, los motivos de su presentación mañanera ante Dios, así como las razones que avalan su posibilidad de ver. Porque tú, dice, no eres un Dios propicio a la iniquidad. Si Dios fuera complaciente con la iniquidad, tambiénlos inicuos podrían verle, y en ese caso no sería preciso que viniera la mañana, o sea, que hubiera pasado la noche de la iniquidad.

6. El malvado no acampará a tu lado. Es decir, no verá hasta el punto de juntarse contigo. Justamente por eso continúa diciendo: Ni los injustos se mantendrán ante tus ojos. Naturalmente, por culpa de las tinieblas de los pecados, los ojos de los injustos, es decir, su mente racional no experimenta los reverberos de la luz de la verdad. La costumbre inveterada de pecar ha hecho que no puedan resistir el brillo de la recta inteligencia. Por tanto, tampoco los que ven de manera ocasional, es decir, los que comprenden la verdad pero siguen siendo injustos, permanecen en la visión, al amar lo que aparta de la verdad. Llevan consigo su propia noche, es decir, no sólo la costumbre de pecar, sino también el amor al pecado. Pero si transcurre esa noche, o sea, si dejan de pecar y rechazan no sólo la costumbre de pecar sino también el amor al pecado, comienza a despuntar el amanecer, y entonces ya no se limitan a entender, sino que se adhieren a la verdad.

7. Aborreces a todos los malhechores. Este aborrecimiento u odio de Dios tiene su base interpretativa en el modo de expresarse según el cual todo pecador odia la verdad. Parece que también ésta, por su parte, aborrece a quienes no autoriza su estabilidad en ella. Y no se estabilizan en la verdad quienes son incapaces de resistirla. Destruirás a todos los que hablan mentira. La mentira es lo contrario de la verdad. Y para que nadie opine que hay una sustancia o naturaleza opuesta a la verdad, entienda, que la mentira es algo propio del no ser, no algo propio del ser. Por tanto, si se habla de lo que es, se expresa la verdad; y si se habla de lo que no es, se expresa la mentira. Dice: destruirás a todos los que hablan mentira porque, al apartarse éstos lo que tiene entidad, se inclinan hacialo que carece de entidad. Cierto que hay muchas mentiras que parecen formuladas en pro de la vida y del bienestar de alguien y que no están basadas en la malicia, sino en la generosidad. Tal es el caso de las comadronas a que hace alusión el Éxodo. Pasaban informes falsos al Faraón para librar de la muerte a los niños israelitas. Pero incluso en este caso, no se hace un panegírico del hecho de mentir, sino un elogio del temple y buen natural de las que lo hicieron. Sólo los que mienten de este modo merecerán alguna vez liberarse de la mentira. Pero en los que son perfectos ni siquiera tiene cabida este tipo de mentiras. A ellos están destinadas las palabras: Que vuestro sí sea un sí y que vuestro no sea un no. Lo que pasa de ahí viene del malo. También tiene sus motivos lo que se dice en otra parte: Una boca mentirosa da muerte al alma. Por tanto, que nadie estime que el hombre perfecto y espiritual está obligado a mentir en bien de esta vida temporal de cuya muerte no se sigue la muerte del alma, ni de la suya ni de la del otro. Sin embargo, una cosa es mentir y otra cosa es ocultar la verdad; una cosa es decir falsedad y otra callar la verdad. Si alguien, casualmente, no desea entregar a un hombre a esta muerte visible, debe estar dispuesto a ocultar la verdad, pero no a decir falsedad. De este modo ni lo entregará ni dirá mentira para no condenar a muerte a su propia alma a cambio de la vida corporal de otro. Y si ni siquiera se siente con fuerzas para esto, pero se ve precisado a decir mentiras exclusivamente de este tipo, para merecer verse libre incluso de éstas -caso de que sean las únicas que le quedan- hágase digno de recibir la fuerza del Espíritu Santo para ser capaz de soportar todos los sufrimientos que comporta la defensa de la verdad. Dos son, en síntesis, las clases de mentira en que no hay grave culpa, pero que no están exentas de culpa: las jocosas y las que se dicen en provecho de alguien. Las primeras, que se dicen en tono de broma, no son muy perjudiciales precisamente por eso, porque no tratan de engañar. Nuestro interlocutor sabe muy bien que las decimos en plan de broma. Las segundas son, si cabe, más leves, porque entrañan cierto contenido de generosidad o altruismo.Y en cuanto a la mentira en la que no hay doblez de corazón, ni siquiera recibe el calificativo de mentira. Vamos a poner un ejemplo: a un individuo le entregan una espada en custodia, con la condición de devolvérsela al propietario cuando éste la pida. Si se da el caso que éste la exige en medio de un acceso de furor, es evidente que devolvérsela en tales circunstancias resulta improcedente, para evitar un suicidio o un homicidio. No hay que devolvérsela hasta que vuelva a estar en sus cabales. En este caso no se trata de una duplicidad de intención, porque el depositario de la espada, que prometió devolvérsela a su dueño, no pensaba que se la iba a pedir en ese estado de excitación. También el Señor ocultó la verdad a sus discípulos por no hallarlos preparados: Mucho me queda por deciros, pero no podéis con tanto ahora. Y el Apóstol hace lo propio: No pude hablaros como a hombres de espíritu, sino como a hombres de carne. Es, pues, evidente que, en alguna ocasión, silenciar la verdad no puede tildarse de culpa. Pero decir falsedad no consta que esté autorizado a los perfectos.

8. [v. 8] Al hombre sanguinario y doloso lo aborrecerá el Señor. Puede parecer con razón que este pasaje es una repetición del anterior: Detestas a los malhechores, destruirás a todos los mentirosos, como si hubiera una doble referencia: la del hombre sanguinario y malhechor, por un lado, y la del doloso y mentiroso, por otro. El sanguinario es ejecutor de la iniquidad, el doloso dice mentira. El dolo consiste precisamente en hacer una cosa y simular otra. Por lo demás ha empleado un verbo apropiado: aborrecerá. A las personas aborrecidas se las suele llamar también desheredadas, y observamos que este salmo está dedicado a la que recibe la herencia. Esta exterioriza su satisfacción diciendo: Pero yo, por tu gran bondad en la multitud de tu misericordia, entraré en tu casa. En la multitud de tu misericordia, es quizá una alusión a la multitudde hombres perfectos y felices que se integrarán en aquella ciudad que la Iglesia ahora pare con dolor y va dando vida poco a poco. ¿Quién va cuestionar que esa muchedumbre de hombres regenerados y perfectos hallan expresión adecuada en de ternura y de bondad esa multitud de misericordia de Dios, cuando resulta evidente a todas luces el texto: ¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él, el hijo del hombre para visitarle? Entraré en tu casa, dice el pasaje, y entraré como piedra destinada a la construcción. Así lo creo ¿Y qué otra cosa es la casa de Dios sino el templo de Dios del que se ha dicho: El templo de Dios es santo y ese templo sois vosotros? Y la piedra angular de este edificio es aquel hombre asumido porel Poder, coeterno al Padre, y la Sabiduría de Dios.

9. Me postraré ante tu templo santo, lleno de tu temor. Ante tu templo quiere decir en las inmediaciones, porque no ha dicho en tu santo templo, sino ante tu santo templo. Leyendo entre líneas vemos que es un pasaje que no se interpreta como perfección, sino como un avance hacia la perfección. La perfección quedaría plasmada en las palabras entraré en tu casa. Pero antes de llegar a este punto, primero dice me postraré ante tu santo templo. Quizá por este motivo añadió lleno de tu temor, porque este temor es la mejor protección de los que caminan hacia la salvación. Cuando alguien ha alcanzado esta meta, ve convertido en realidad un hecho expresado así: El amor consumado elimina el temor, ya que cuando se les haya llevado a lo que ha constituido la meta de las promesas, ya no temen al amigo aquellos a quienes se ha dicho: Ya no os llamo siervos, sino amigos.

10. [v. 9-10] Señor guíame en tu justicia, porque tengo enemigos. Con toda razón ha subrayado aquí su situación de progreso, es decir, su aprovechamiento en el camino hacia la perfección. Aún no se encuentra formalmente en la perfección como lo demuestra el ansia de que le guíen. Con tu justicia, por supuesto. No con la justicia que dimana de criterios humanos. Porque de hecho acontece que devolver mal por mal tiene visos de justicia, pero no de la justicia de aquél de quien se dijo que hace salir su sol sobre buenos y malos. En efecto, cuando Dios castiga a los pecadores no les infiere un mal procedente de sí mismo, sino que los deja solos, abandonados a sus propios males. Mirad, dice: concibió la injusticia, está preñado de trabajos y dio a luz el engaño; cavó y ahondó una fosa y cayó en la fosa que hizo; recaiga su maldad sobre su cabeza, baje su maldad sobre su cráneo. Según eso, cuando Dios castiga a los transgresores de la ley, lo hace en calidad de juez no provocando en ellos un mal que dimana de sí mismo, sino que los relega a sus propias opciones para que completen el colmo de sus miserias. El hombre, en cambio, al devolver mal por mal lo hace con mala intención. Justamente por eso, cuando quiere castigar a un malvado, el primer malvado es él mismo.

11. Endereza mi camino en tu presencia. Está más que claro que se lo confía durante el tiempo en que progresa. Se trata efectivamente de un camino que no consta de distancias físicas. Este camino se recorre a base de sentimientos del espíritu. Endereza mi camino¸ dice, en tu presencia. Es decir, donde no donde no ve hombre alguno, al que no hay que creer ni cuando alaba, ni cuando censura. En realidad los seres humanos no están capacitados para dictaminar sobre la conciencia ajena que es desde donde se endereza el camino hacia Dios. Por eso añadió: Porque en su boca no hay sinceridad. Cuando juzgan o emiten algún dictamen no hay que fiarse de ellos. Por tanto, no nos queda otro recurso que la interioridad de la conciencia y la presencia de Dios. Su corazón es vano. ¿Cómo va a haber sinceridad en su boca, si su corazón va descaminado en cuanto al pecado y al castigo del pecado? La pregunta ¿por qué amáis la falsedad y buscáis el engaño? es una invitación a salir de esta situación.

12. [v. 11] Su garganta es un sepulcro abierto. Se le puede dar a este pasaje un matiz de voracidad. De aquella voracidad causa de que los hombres mienten muchas veces recurriendo a la adulación. La expresión sepulcro abierto es impresionante. Porque esta voracidad tiene siempre las fauces abiertas, sin parangón con los sepulcros, ya que estos se cierran después de dar acogida a los muertos. También cabe otra interpretación referida a aquellos que, mediante ardides y blandos halagos, arrastran hacia sí a quienes, acto seguido, seducen para pecar. Es como si los devoraran al adaptarlos o asimilarlos a sus pautas de comportamiento. Y puesto que a quien esto ocurre es víctima del pecado, sus inductores reciben con toda propiedad el nombre de sepulcros abiertos. Las víctimas de estos, por su parte, son en cierto modo seres inanimados al carecer de la vida de la verdad. Dan acogida a los muertos que ellos mismos han asesinado con palabras capciosas y corazón vano, para luego ir asimilándolos. Con sus lenguas obraban engañosamente. Es decir, con sus malas lenguas. A ello parece referirse el posesivo sus. Pues los malos tienen malas lenguas; o sea, cuando profieren engaños dicen cosas malas. El Señor se dirige a ellos: ¿Cómo pueden ser buenas vuestras palabras siendo vosotros malos?

13. Júzgalos, oh Dios. Que fracasen sus planes. Aquí se trata de una profecía, no de una maldición. No desea que esto ocurra, pero intuye lo que va a ocurrir. Los malvados se ven complicados en este tipo de contingencias, pero ello no es debido, a lo que parece, al deseo del profeta, sino que la conducta de estos individuos es tal que, naturalmente tiene que ocurrirles algo así. Idéntica situación nos refleja el pasaje siguiente: Que se alegren los que esperan en ti. Se trata de una expresión profética, porque prevé que van a alegrarse. Asimismo de modo profético se dice: Despierta tu poder y ven. En efecto, veía que iba a venir. Podría caber otra interpretación del pasaje que fracasen sus planes: que se crea que, mientras fracasan sus planes detestables, lo que más quiere Dios es que se dejen de tales planes. Pero en esta interpretación nos hallamos con un inconveniente, y es el imperativo expúlsalos. Cuando alguien es expulsado por Dios, de ninguna manera se puede interpretar el hecho en sentido positivo. Por eso se entiende que aquellas palabras expresaban una profecía, no hostilidad hacia ellos. Con ellas se indicó lo que inevitablemente va a ocurrirles a cuantos pretenden mantenerse en los pecados objeto de referencia. Que fracasen, pues, sus planes, dice. Que fracasen ante la acusación que contra ellos formulan sus propios pensamientos, ante el testimonio que da su propia conciencia, como dice el Apóstol: y los razonamientos que los acusarán o defenderán el día que se revele el justo juicio de Dios.

14. Expúlsalos por sus muchas impiedades. Es decir, mándalos lejos. Conforme a sus muchas impiedades es un indicio de la magnitud del rechazo de la expulsión. Consiguientemente, sean expulsados los impíos de la herencia de la que se toma posesión mediante la inteligencia y la visión de Dios. Idéntico alejamientosienten los ojos enfermizos ante el brillo de la luz. Lo que para otros ojos es fuente de alegría, para estos es un martirio. Ellos, pues, ni se presentarán por la mañana, ni verán. Esta expulsión supone un castigo tan grande como grande es el premio a que alude el pasaje: Para mí lo bueno es estar junto a Dios. Este castigo está en marcado contraste con la invitación: Entra en el gozo de tu Señor. A estaexpulsión se parece la otra: Echadlo fuera a las tinieblas.

15. Porque te han amargado, Señor. Yo soy, dice, el pan que ha bajado del cielo. Y: Trabajad por el pan que no se acaba. Y: Gustad y ved qué bueno es el Señor. Pero a los pecadores les resulta amargo el pan de la verdad. Por eso odian la boca del que dice la verdad. Son ellos los que amargaron a Dios. A fuerza de pecar contrajeron una enfermedad de tal naturaleza que no fueron capaces de ingerir, como si estuviera mezclado con hiel, el alimento de la verdad que constituye el gozo de las almas sanas.

16. [v. 12] Que se alegren todos los que esperan en ti. Naturalmente aquellos que saborearon lo suave que es el Señor. Su júbilo será eterno y habitarás en ellos. El gozo eterno consistirá formalmente en la transformación de los justos en templo de Dios. Y el morador mismo será el gozo de los justos. Y hallarán gloria en ti todos los que aman tu nombre., como haciéndose presente a ellos para que disfruten de lo que aman. El inciso en ti está bien traído, ya que están en posesión, por así decirlo, de la herencia a la que hace referencia el titulo del salmo. Ellos son la heredad de Dios, aquí significada por el pasaje: habitarás en ellos. De este bien quedan excluidos aquellos a quienes Dios echa fuera por razón de sus muchos crímenes.

17. [v. 13] Porque tú bendecirás al justo. Esta bendición consiste en dos cosas: gloriarse en Dios y ser habitado por Dios. Esta santificación es una concesión hecha a los justos, pero para que éstos sean justificados hay una llamada previa que no se debe a los méritos personales, sino a la gracia de Dios. Todos han pecado y tienen necesidad de la gloria de Dios. A los que llamó los justificó, y a los que justificó los glorificó. Y por ser esta llamada algo no imputable a nuestros méritos, sino a la bondad y a la misericordia de Dios, dice acto seguido: Señor, nos has coronado, como con el escudo detu buena voluntad. Naturalmente, la buena voluntad de Dios va por delante de nuestra buena voluntad, con el fin de convocar a los pecadores a la penitencia. Estas son las armas con que se ataca al enemigo contra quien se dice: ¿Quién será el fiscal de los elegidos por Dios? Y, si Dios está a favor nuestro, ¿quién está contra nosotros? Aquel que no perdonó a su propio hijo, sino que lo entregó por todos nosotros... Si cuando éramos enemigos, Cristo murió por nosotros, mucho más, una vez reconciliados, nos veremos liberados de la ira por su medio. Este es el escudo más arrollador que existe. Con él rechazamos al enemigo que, a fuerza de acumular preocupaciones y tentaciones, va insinuando la desesperanza de la salvación.

18. El salmo globalmente considerado se resume así: primero, plegaria u oración para que le escuchen, desde: Señor, escucha mis palabras, hasta: rey mío y Dios mío. Segundo, profundización en todo aquello que constituye un obstáculo para la visión de Dios, es decir, ser consciente de que la oración ha sido escuchada: desde el pasaje a ti te suplicaré, Señor; por la mañana escucharás mi voz, hasta el pasaje al hombre sanguinario y doloso lo aborrecerá el Señor. Tercero, esperanza de estar un día en la casa de Dios; actual aproximación a ella con temor, antes de llegar a la perfección, que elimina el temor: desde el texto pero yo, en la multitud de tu misericordia hasta el pasaje me postraré ante tu templo santo, lleno de tu temor. Cuarto, avanza y va promocionándose, pero, rodeado de todo aquello que considera como obstáculo, suplica en demanda de una ayuda interior donde ningún hombre ve, para que no le desvíen las malas lenguas: desde el texto Señor, guíame en tu justicia, porque tengo enemigos, hasta con sus lenguas obraban engañosamente. Quinto, profecía sobre el castigo reservado a los impíos, sabiendo que el justo se salvará a duras penas, y premio reservado a los justos que acudieron a la llamada y ya en ruta lo soportaron todo como hombres: desde el pasaje júzgalos, oh Dios, hasta el final del salmo.

Traducción: José Cosgaya García, OSA